Diario del año del coronavirus
Jóvenes y estudiantes
por Balsa Cirrito
En los últimos días hasta tres amigos me han remitido onlineramente una entrevista aparecida en prensa que parece que ha tenido muchísimo eco. En ella, un catedrático de la Universidad de Granada se despacha a gusto sobre la educación actual, y suelta perlas como para hacerle un collar a la sultana de Brunéi. Viene a decir el hombre que la educación de los jóvenes de ahora es extremadamente deficiente, que llegan a la facultad con más lagunas que Noruega, y que - es la frase estrella del catedrático - él se dedica “a engañar, no a enseñar”. Por el camino añade, como quien no quiere la cosa, que las universidades privadas son mejores porque tienen más nivel, que antes los alumnos hacían cola en su despacho para las tutorías, y que el conocimiento de lenguas extranjeras es ahora muy bajo.
En fin, todo esto viene a remachar cierta tendencia de “cualquier tiempo pasado fue mejor”. Pérez Reverte, por ejemplo, con cierta frecuencia lanza andanadas que parecen salidas de los cañones del Santísima Trinidad contra la educación contemporánea. Si digo la verdad, me voy más lejos, porque esto se ha dicho siempre. No recuerdo un solo momento donde no se haya asegurado que “los estudios de antes” eran mejores. Todo el mundo piensa que cuando él se educaba la cuestión era más difícil, por la sencilla razón de que entonces quien hincaba los codos era él; como ahora son otros, toda severidad parece poca. Pero lo cierto es que la situación actual es exactamente la opuesta a la que señala el profesor granadino.
Doy clases en un instituto y sé de qué hablo. En mis tiempos, desde luego, el bachillerato era infinitamente más fácil que ahora. No recuerdo haber estudiado nunca para un examen sino la noche anterior, y eso a partir de las 10. Jamás dediqué un par de días a ninguna prueba. Nunca sentí angustia por las notas. Con ese régimen de trabajo ni el más listo de los chicos actuales conseguiría triunfar. Y, además, tiene lógica. Para empezar, la competencia presente es más dura en todos los ámbitos. Cuando yo estudiaba, por ejemplo, solo se exigía nota para entrar en Medicina. El resto de las carreras – creo recordar – estaban libres para cualquiera que hubiera terminado el bachillerato. Y el mundo en general, hay que decirlo, fluía mucho más suave en el reputado estilo compadre que caracterizaba la vida española de entonces.
Pero, además, me temo que las declaraciones del profesor de la facultad granadina vienen con segundas. Parece más bien un anuncio propagandístico de las universidades privadas. Y para ello, miente como si fuera un directivo de la FIFA. ¿Qué leches es esa de que las universidades privadas tienen más nivel? Cierto que hay unas cuantas – no demasiadas – que son muy buenas, pero la inmensa mayoría ofrecen los títulos por pasta, o sea, como pagas, apruebas más fácil. Sé de lo que hablo. Y el tal catedrático parece, por lo demás, vivir en los anillos de Saturno. ¿Cómo que el nivel de lenguas extranjeras es bajo? El conocimiento de otros idiomas es ahora en España superior al de hace 10 años, muy superior al de hace 20, e infinitamente superior al de hace 30. Quien no lo vea tiene cera en los oídos.
Todo esto, ampliamos más el círculo, viene enmarcado en cierto descrédito de la juventud en general que resulta fácil de detectar. Mucho más que en otras épocas Se les tacha de vagos, de estar anestesiados por la tecnología y, sobre todo, de ser muy blandos, blanditos, capaces de ofenderse por cualquier cosa. Lo cierto es que parece que tuviéramos muy mala memoria y no nos acordáramos de lo descerebrados que éramos nosotros en otra época (algunos lo seguimos siendo). Garantizo que los jóvenes de ahora son mejores. Son más solidarios, tienen menos prejuicios, mucho menos violentos.
Pero incluso si algunas de las cosas que les critican a los jóvenes fueran verdad, significaría que el mundo ha ido a mejor. “Todo es muy fácil para ellos, se dice, tienen de todo, nunca les ha faltado de nada”. Pero, bueno, ¿no era eso lo que buscábamos? ¿No queríamos que las carencias se eliminaran? ¿Que el bienestar material se extendiera? ¿Que nuestros hijos no tuvieran que pasar por ciertas penalidades? ¿Es esto un sí pero no? ¿O es que nos gusta en realidad el método de Esparta pero nos da vergüenza decirlo?
Por último, un ladrillito al profesor de universidad. Si hay una categoría profesional que no respeto demasiado es la del profesor universitario español. Al lado de los claustros docentes universitarios nacionales, la Base Naval de Rota parece el templo de la meritocracia. No creo que haya muchas profesiones donde se acumulen en el mismo lugar el padre, el hijo, el sobrino y el primo, aparte del amigo de toda la vida, práctica muy habitual en las universidades españolas, donde los enchufes tienen el tamaño de agujeros de oleoductos. Así que menos vientos, don Eolo.






























Antiguo alumno | Viernes, 27 de Enero de 2023 a las 23:45:43 horas
Como pupilo suyo que fui, confirmo que su bagaje docente se representa en la preparación que realizaba de sus examenes en el bachiller. Espero y deseo que su madurez enriquezca su desempeño profesional, los chavales no merecen menos.
Aquí sin embargo le leo invulnerable, seguro de sí mismo, en esto tambien ha cambiado, aun recuerdo salidas al pinar para explicar el renacimiento, clases al aire libre donde aprendias mas de naturales (mirando a los arboles) que de literatura.
Que mala memoria!
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