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Viernes, 02 de Septiembre de 2011

La Ley Electoral ( I )


Pendientes de la llegada del 20-N, si bien resta un largo tiempo para la cita, nos vemos abocados a hincarle el diente al tema, que entre otros muchos, tan importantes o más, sacaron a la luz los adelantados del 15-M.

Quizá menos que en otras ocasiones, y tristemente porque otras circunstancias más graves han oscurecido el evento, aparte también de que parezca inevitable el resultado, no parece suscitar por el momento inquietudes parejas a otras anteriores elecciones.

Ésta no ha de ser razón para olvidarlo y ahora debe ser cuando empecemos a interesarnos por ello.

Si fue el Movimiento 15-M quien resucitó la preocupación por esta Ley Electoral, no parece que del debate hayan surgido hasta ahora propuestas clarificadoras.

A pesar de que desde muchas instancias se cuestione su falta de representatividad, esta ley no es más injusta que cualquier otra. Son los partidos minoritarios quienes se quejan de que se sienten perjudicados y acusan a esta Ley de estar hecha para beneficiar a los partidos mayoritarios. Esta afirmación no se puede aceptar con rotundidad, pues si bien una ley proporcional pudiera ofrecer otros resultados más justos,  si tomamos las últimas elecciones generales del 2008 como referencia, las variaciones habrían sido mínimas y posiblemente ninguna. Otra cosa es que estos partidos mayoritarios representen con su forma de hacer política a los votantes, incluídos aquellos que optaron por apoyarles.

No creo que sea ésta la ocasión de explicar el sistema español, pero sí que éste es utilizado por numerosas democracias de todo el mundo.

Si algo tiene de injusto, y esto lo es de forma contundente, es el establecimiento de unos límites para poder obtener representación, que son el 3% de los votos válidos en las Elecciones al Congreso y del 5% en las Elecciones Municipales. Eso sí que no tiene ni pies ni cabeza y es tremendamente discriminatorio. En las últimas Elecciones Municipales el PA hubiera alcanzado un concejal en detrimento de RRUU, y aunque las elecciones al Congreso del 2008 siga siendo igual de injusto no se ha dado ningún caso en ninguna de las circunscripciones.

Fuera de esto, muy poco más: España vota bipartidista por muchas razones en las que ahora no voy a entrar, perjudicando entre otros a IU, fuerza a la que respeto y admiro, y considero que se merecía mayor respaldo.

También existen muchos errores, que no creo intencionados, más bien pudieran ser por desconocimiento, pero que de tanto repetirlos hasta quienes lo dicen se lo acaban por creer. Hoy voy a citar solo uno: “Esta ley favorece a los partidos nacionalistas”: es absolutamente falso. No hace falta más que comparar los resultados de las provincias de Euskadi, Cataluña y Galicia, para comprobar que se reparten los mismos escaños, que en otras con una población similar, sin ninguna diferencia. El error consiste en establecer la comparación en base a los resultados totales a nivel de España, pero aquí lo que se elige es por cada una de las provincias. Por este motivo estos son los resultados que se producen.

El tema da para mucho más, por eso lo del ( I ). Si se considera interesante tendrá su continuación.

 

Manuel García Mata




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