Diario del año del coronavirus
Pero, ¿entre qué gente estamos? ¡Es un solomillo!
por Balsa Cirrito
Hace bastantes años, tantos que no había yo ni nacido, solía comprar un servidor de ustedes una revista, creo que era Tiempo (el hecho de que yo comprara la revista sin haber nacido, francamente no me lo explico, pero juro que es cierto). La comencé a adquirir a causa de que regalaban un DVD de la serie La Regenta en tres entregas. Pero luego continué porque la revista tenía una sección que me encantaba. Si no recuerdo mal, eran cuatro páginas en las que se recogía lo que se decía de España en la prensa del mundo. Por entonces gobernaba Aznar, y los elogios extranjeros sobre el auge económico de España eran constantes y exagerados. Se ponía a España como ejemplo de muchas cosas, por las nubes y por encima de las nubes. Personalmente, si un presidente del gobierno español me ha caído alguna vez mal y me ha resultado insoportable, ese ha sido José María Aznar. Su carácter, su talante, su soberbia lograban que solo ver aparecer la punta de su bigote en televisión me sobreviniera un amago de síncope. Sin embargo, como es lógico, me encantaban esas informaciones, y, como español, me llenaban de orgullo, aunque el mérito fuera aznariano. Luego llegó el gobierno de Zapatero, y los elogios internacionales siguieron siendo exagerados, ahora no solo por cuestiones económicas, que durante varios años continuaron siendo buenas, sino también por los avances sociales. Por supuesto, seguía enorgulleciéndome de la prosperidad y de los avances de nuestro país, y en ese punto me importaba muy poco si el presidente era Aznar, Zapatero o Nacho Vidal, ¿España marchaba? Pues me daba igual quien lo consiguiera.
¿A qué viene esto? Pues sencillo. La semana pasada se daban a conocer dos noticias económicas excepcionalmente positivas para España. Por un lado, somos el país europeo que más ha controlado la inflación, en unos tiempos donde esta anda desbocada por todos lados. Por otro, los niveles de empleo se hallan en su mejor momento de los últimos dieciséis años, con el añadido del récord histórico absoluto de personas con empleo. ¿Deberíamos alegrarnos todos? ¡Ostras, claro que sí!
Sin embargo observo una actitud bastante miserable. Veo gente, mucha gente que por repelentes prejuicios políticos anda cabreada con estos datos tan excelentes. ¿De qué cojones van? (Perdón por la expresión. Quería decir: ¿de qué mierda de cojones van?). ¿Por qué se enfadan? ¿Es más importante para ellos el chalaneo político, el partidismo de hincha petardo, la mamandurria ajena que encima ellos no van a catar? ¿Qué narices pasa?
Con el gobierno actual hay motivos sobrados para cabrearse, aunque no estos, y a menudo los señalo yo mismo en estas páginas, pero la mezquindad que nos invade es superior a mis fuerzas, al menos a mis fuerzas pacientes. Para mi sorpresa, he visto no uno o dos, sino decenas, centenares de comentarios negando los hechos favorables, afirmando que no son nada, que no tienen importancia, que nos encaminamos al desastre, total, que haya más gente empleada que nunca es cosa de todos los jueves como bien sabemos.
Cada día que pasa me vuelvo más adepto de la moderación. Juro que pienso votar al partido no que critique, sino que elogie a su adversario (eventualmente, claro está, porque tampoco es cosa de todos los días). Las campañas de acoso y derribo de un gobierno democrático, sea cuál sea este gobierno, me resultan repulsivas (y algunas de esas hemos vivido, la peor la del sindicato de crimen contra Felipe González).
Y mi preocupación por el asunto crece viendo cómo funciona nuestro mundo. Todos estos fanáticos, todos estos negadores de la realidad son los que luego pillan un embolique cósmico y asaltan un parlamento, que parece ser la última moda política. ¿Alguien hubiera pensado hace diez años que se podía producir un hecho como la toma del congreso estadounidense? Nos hubiera resultado inimaginable. Pero así andan las cosas. La negación de las realidades, ya sea el resultado de unas elecciones o unos buenos datos económicos es la biblia del descerebrado contemporáneo. Los imbéciles se han apoderado del mundo (en realidad, los imbéciles siempre tuvieron el mundo, solo que ahora se nota más).
Ya he dicho en más de una ocasión que no pienso votar a este gobierno en las próximas elecciones, sobre todo por los disparates del rollito woke y la paranoia identitaria, pero, qué narices, cuando nos sirven solomillo de ternera hemos de decir que es solomillo de ternera, no que son acelgas caducadas.
Y eso que a mí me gustan las acelgas.

































sarastro | Jueves, 12 de Enero de 2023 a las 18:34:11 horas
Los tiempos cambian y ahora es el asalto al parlamento en EEUU o Brasil... son menos finos, más asilvestraos..
En otros tiempos se compraban votos como hizo la señora condesa de Bornos y grande de España, cuestión de clase y señorío.
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