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Carlos Roque Sánchez
Sábado, 12 de Noviembre de 2022

1956. Monroe, Freud e Isabel (y 2)

[Img #179968](Continuación) En el otro extremo de la lucha que Marilyn mantiene para ser tomada por una actriz 'seria', rodeándose de gente que ella intelectualmente admira -quiere ser admirada por ese mismo motivo por ellas, cuando dicha gente está justamente fascinada por el físico que ella desprecia- se encuentra la que probablemente sea solo una anécdota apócrifa, un supuesto sucedido, una leyenda urbana entre la rubia devora-hombres y estrella de cine, y el desharrapado físico relativista y mujeriego, Albert Einstein (1879-1955). Abro paréntesis.

 

Apócrifa anécdota einsteniana. Una más sobre la relación entre el cuerpo y la mente. O la bella y la bestia, como el cuento. Dicen que en cierta ocasión coincidieron la Monroe y el genio, no me pregunten ni dónde ni cuándo (¿quizás en 1949?). El caso es que, al parecer, la actriz se dirigió a Einstein y le propuso jocosamente: “¿No opina, profesor, que deberíamos tener un hijo juntos? Así el niño tendría mi apariencia y su inteligencia”. A lo que él, sorprendido al parecer, respondió: “Lo que me preocupa, querida señorita, es que la experiencia salga al revés”. Conociendo al genio resulta lógica la lacónica y ocurrente respuesta, pero sí, es poco creíble, aunque como anécdota no me negará que es buena, tanto por los personajes implicados como por el diálogo. Cierro paréntesis.

 

Marilyn, Isabel II y el otoño de 1956. Cuando la película El príncipe y la corista se acabó de grabar, la actriz volvió a los EE. UU. aunque antes tuvo lugar el encuentro físico entre las dos mujeres. Le pongo en antecedentes. Durante el rodaje la actriz se había hospedado en Englefield Green, a pocos kilómetros del castillo de Windsor, y en más de una ocasión había manifestado que “su sueño era tomar el té en el Palacio de Buckingham”. De modo que no lo dudó ni un instante cuando recibió la tarjeta para asistir, como invitada de honor junto a su tercer esposo el dramaturgo Arthur Miller, al estreno de la película ‘The Battle of the River Plate’ en la Royal Command Film Performance, que tenía lugar en el Empire Theatre en Leicester Square, Londres. Un evento en el que se estrenaban producciones cinematográficas importantes y al que la familia real asiste para apoyar en la recaudación de fondos para programas de beneficencia. Allí se conocieron estas dos icónicas mujeres, que nacieron el mismo año, pero tuvieron vidas y muertes bien diferentes y diferenciadas.

 

‘El espectáculo de la reina’. Así es como Marilyn llamó a ese acto que tuvo lugar el 29 de octubre de 1956 y del que, por las crónicas y ecos de sociedad de la época, sabemos que asistió con un vestido de corte bajo y escotado, confeccionado en lamé dorado, ceñido al cuerpo y con tirantes finos que dejaban sus hombros y brazos a la vista. A todas luces un vestido que se saltaba el protocolo de la Casa Real británica. Y se situó hacia la mitad de la larga fila formada por celebridades y personas del mundo del espectáculo que esperaban la llegada de la monarca, mientras el resto del público ya se encontraba sentado en el auditorio, viendo la llegada a través de la pantalla del cine. La actriz se mostraba de lo más nerviosa mientras esperaba, hasta que por fin llegó el momento y se saludaron dándose la mano. La monarca la miraba de arriba abajo mientras ella le hacía una perfecta reverencia a la que, por otro lado, no estaba obligada pues no era británica, pero que Isabel II agradeció con una sonrisa. Mujer frente a mujer.

 

Y hasta mantuvieron una breve conversación sobre el hecho de ser vecinas en Windsor, un lugar muy apreciado por la monarca y del que Marilyn le dijo: “Nos encanta. Como tenemos un permiso especial, mi esposo y yo vamos a dar paseos en bicicleta por el gran parque”. No, la actriz nunca tomó el té con Isabel II y después de esa ocasión, en la que ambas mujeres contaban treinta años de edad, no volvieron a verse. Marilyn murió el 4 de agosto de 1962, a los 36 años, estamos en su sexagésimo aniversario e Isabel II nos dejó el pasado 8 de septiembre de 2022 a la longeva edad de noventa y seis años. Una casual quisicosa más. Si con la reina, Marilyn coincidió en el año de nacimiento (1926), con Diana de Gales coincidió en el mes (agosto) en el que falleció y la edad que tenía (36). Si Marilyn es el alfa, y Diana el omega, Isabel es el alfa y el omega.

 

Adenda “nobelera” patria. A título de curiosidad patria resaltar que fue este año, 1956, el mismo en el que el moguereño Juan Ramón Jiménez (1881-1958) recibió el Premio Nobel de Literatura. Él, tan amante de la exactitud, tan buen observador de la naturaleza, tan cuidadoso con aquello que le interesaba, y tan exigente con todo. Unas cualidades infrecuentes por desgracia en los literatos, pero bien presentes en su obra, basta recordar un detalle: si no encontraba la palabra justa, se la inventaba, y así está su obra llena de neologismos de todo tipo. “¡Intelijencia, dame / el nombre exacto de las cosas! /... Que mi palabra sea / la cosa misma, / creada por mi alma”.

 

CONTACTO: [email protected]

FUENTE: Enroque de ciencia

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