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Carlos Roque Sánchez
Sábado, 16 de Octubre de 2021

El hijo gay de Superman

[Img #153968]De Clark a Jonathan. La historia del ‘Hombre de Acero’ es bien conocida por todos. De nombre original Kal-El -puesto por sus padres biológicos en Krypton, el planeta donde nació-, al llegar a la Tierra fue adoptado por una pareja de granjeros heterosexuales, quienes le rebautizaron como Clark Kent, su ‘alter ego’. Y bajo el que vive pluriempleado compaginando sus actividades de superhéroe, provisto de capa y calzón rojos por encima de la ajustada malla azul, con las de tímido reportero del periódico ‘Daily Planet’, con gafas de pagafanta y traje encubridor del disfraz supermánico.

 

Responsabilizado por sus extraordinarios poderes, no tiene mejor idea que trasladarse a Metrópolis, trasunto de Nueva de York, ni mejor misión que dedicarse a reprimir el delito común persiguiendo a rateros de tres al cuarto, evitando asaltos a ancianas indefensas o atrapando ladrones con el botín en la mano, a la salida del banco.

 

Unas actividades que naturalmente compagina con la de salvaguardar vidas en desgracias y catástrofes varias y, como no, con la de luchar contra el malevo supervillano Lex Luthor y su perverso deseo de dominar el mundo. Y por si esto fuera poco, como periodista conoce a Lois Lane y ocurre lo que a veces suele ocurrir entre humanos, chico conoce a chica, se enamoran y tienen un hijo, en este caso Jonathan Kent. Un joven que con el tiempo descubre que también tiene superpoderes, renovados y aumentados cuando se viste con la 'S' en el pecho, y eso que es solo medio kriptoniano. Quiero decir que, a pesar de compartir material genético humano por parte de madre, mantiene intactos los superpoderes de su padre; ya, lo sé, pero es lo que tiene la supergenética. El caso es que la vida sigue, que dijo alguien, y es así.

 

Superman gay. Como ya se imagina no me refiero al híper paladín, salvador, blanco, súper y heterosexual Clark, sino a su hijo Jonathan, aunque él prefiere que le llamen Jon. Y así como su padre solía salir de las cabinas de teléfono convertido en superhéroe, él hace lo propio saliendo del armario y convertido en otro tipo de símbolo, uno más, que nos anuncia de nuevos tiempos en el mundo del cómic. Hace unos días la editorial ‘DC Comics’ comunicaba que el hijo de Clark y Lois, con 17 años, iniciará el mes que viene en la serie 'Superman: Son of Kal-El' una relación amorosa con ciertas semejanzas, hasta cierto punto, a la de su padre. Como él, se enamora de alguien de la profesión, no le he dicho que Jonathan también es periodista, y pasa de la amistad al amor por circunstancias de la vida, solo que en este caso ese alguien es un hombre de pelo rosa y gafapasta, Jay Nakamura, que también tiene poderes extraordinarios, dicho sea de paso.

 

Y aunque Superman junior continua con la digna labor de su padre, que descansa en una galaxia no muy lejana por si acaso, sus misiones ya no son las mismas: las peleas que debe librar son las que corresponden a su generación y sus combates son contra los ‘malos’ convencionales de la actual sociedad occidental ‘buenista’; los malos que ahora molan. Entiéndase: controlar los masivos incendios forestales, causados por el cambio climático; salvaguardar a los alumnos de un instituto, en un tiroteo provocado por la permisividad con las armas de fuego en Estados Unidos; unirse a las protestas contra la deportación de inmigrantes refugiados en Metrópolis, claro; y sí, una de estas peleas es contra la homofobia; en fin, cosas así, ya sabe.

 

Un superhéroe de la liberación homosexual. Un Superman gay para los nuevos tiempos, cuya condición sexual algunos se han apresurado a suavizar afirmando que “solo” es bisexual, ya me entiende. Avanzando sin duda, ‘ma non troppo’, de modo que la polémica está servida, si bien el camino emprendido no parece tener marcha atrás. La inevitable evolución que experimenta la sociedad, obliga también al mismo género y las editoriales de cómics estadounidenses intentan compatibilizar corrientes, abriendo este mundo dominado por la testosterona a la diversidad. Pero pasar de estereotipo homófobo a personaje gay supone recorrer un gran trecho, y de mal camino, por lo que se ha hecho y hace lentamente, empleando metáforas o símbolos para asumir una diversidad que no pocas veces estaba y está prohibida en los códigos morales oficiales.

 

Y es que cuando los superhéroes son una metáfora, sus mutaciones pueden compararse con las diferencias personales a nivel sexual, de forma que cualquier joven gay, al ver a un superhéroe ridiculizado y perseguido por sus diferencias genéticas, puede identificarse con él. Un recurso a las figuras retóricas absolutamente necesario, todo el mundo merece verse en sus superhéroes, que por otro lado resulta de lo más rentable, por qué no decirlo ¿Cuándo empiezan las editoriales a utilizar a superhéroes gais? ¿Cuántos conoce usted? ¿Existen también superheroínas lesbianas? Le dejo con el padre hablándole al hijo: “Serás diferente, a veces te sentirás como un marginado, pero nunca estarás solo”.

 

CONTACTO: [email protected]

FUENTE: Enroque de ciencia

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