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Redacción 1
Martes, 06 de Abril de 2021

Civismo (por Manuel García Mata)

Termina una Semana Santa atípica, quizás no tanto como la anterior. Si la anomalía que impide volver a la rutina, la pandemia, precisa de la gente para ir superando sus efectos, todo lo observado en estos días demuestra las graves dificultades que acumulamos para enderezar el camino.

 

Ha resultado sorprendente la enorme afluencia de personas cuyas caras nos resultaban desconocidas y, en muchos casos, cuyo acento distaba mucho de parecerse al habitual en estos lares. Se me viene el recuerdo de la imposibilidad legal de atravesar los límites provinciales. Algo no cuadra.

 

Ahondando en la misma zanja, resulta asombroso ver cómo se acumulaban personas en las terrazas, muy próximas entre sí y con limitado y/o inapropiado uso de las mascarillas en sus reuniones. Será preciso señalar que no solo en las terrazas, también en la calle, en los paseos marítimos, en los parques, en los supermercados, en los patios de las casas, y supongo, dentro de ellas. Vuelvo a recordar y creo que existen limitaciones al respecto.

 

Y para no resultar obsesivo con el tema de la pandemia, descorazona enterarse del uso y abuso de excusas, que quizás no todas sean reales, para superar las limitaciones que sí afectan al resto.

 

Pero, como decía, resultaría manido limitarme al tema de los efectos del Covid. Hay otras circunstancias que no estaría de más recordar. Los efectos del reciente temporal han afectado, entre otros, al hotel Playa, dejando en un estado peligroso el acceso a este por la parte de poniente. Muy poco tiempo después los servicios del Ayuntamiento, la Policía Local lógicamente, extendió las correspondientes cintas con las que se prohibía el acceso en las zonas de peligro. No sé cuánto durarían, pero al día siguiente los precintos estaban rotos y eran numerosas las personas que, haciendo caso omiso de las visibles advertencias, circulaban felizmente por la zona prohibida al paso. Ante todo libertad, ya saben.

 

No podría terminar el texto sin recordar que la actitud de determinadas personas, propietarias de perros, que permiten que sus animales ensucien las calles y los paseos, que los dejan sueltos para personalizar aquello de “ojos que no ven, corazón que no siente”, bien sea al aire libre, o dejándolo salir de casa hasta que vuelva descargadito que ya conoce el camino, o, sencillamente, no cumplen su obligación de recoger las inmundicias de sus mascotas, sirve para que injustamente se generalice y se califique a toda persona que cumple con el mismo rigor que a los citados anteriormente. No cambiaría mucho la moraleja acerca de quienes depositan las basuras y el reciclaje fuera de los bombos, ensuciando sin miramientos. O quienes circulan con vehículos por zonas exclusivas de peatones, o peatones que pasean por los carriles-bici impidiendo a sus usuarios aprovecharlos para lo que se establecieron.

 

Y ahora para terminar, definitivamente, las pasarelas sufren frecuentemente el destrozo de las barandillas, fruto de la fogosidad mal encaminada de quienes lo protagonizan.

 

Les prometí hablar de civismo, esa ha sido mi intención.

 

Manuel García Mata

 

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  • Hermano Lobo

    Hermano Lobo | Martes, 06 de Abril de 2021 a las 17:51:06 horas

    Conocidos nuestras diferentes enfoques en algunos asuntos, en este caso no difiero, ni en un punto ni en una coma, en todo lo expuesto en la carta.
    Es descorazonador ver el incivismo de alguna gente, afortunadamente no toda, que destrozan la convivencia y la imagen del pueblo.
    No es una nota de optimismo, no, queda mucho por hacer, pero tengo la suficiente edad como para afirmar que se ha avanzado mucho en los últimos cincuenta años. Así pues, como gota de agua, con nuestro ejemplo, y con nuestras amables, diplomáticas casi, palabras, debemos seguir contribuyendo a que estos asuntos mejoren paso a paso, día a día.

    Saludos.

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