"Ciencia más allá del Coronavirus"
Naturaleza gregaria
por Daniel de los Reyes Helices
Llega un momento de la vida en el cual, cansado de vivir a la deriva, te ves obligado a encontrar un propósito principal que te ayude a fijar el rumbo. A no ser que te identifiques como afín a la escuela helénica del estoicismo y tu meta última sea la apatía, normalmente el resto de los mortales suele buscar la felicidad como objetivo primordial. Ahora simplemente nos queda responder a la eterna pregunta de cuál es la clave de la felicidad.
En contraste con el refranero castellano hay quien aún afirma que es el dinero, el poder adquisitivo, la solución al enigma. Otros señalan al éxito académico o profesional como el ingrediente fundamental de la receta aparentemente secreta. Incluso los hay que se aferran a las directrices religiosas con la esperanza de encontrar la solución entre las líneas de los textos sagrados. No obstante, esta pregunta no ha sido solo formulada por el humano estándar, también la ciencia ha puesto su lupa sobre la incógnita, dedicándole el que es hasta el momento el estudio científico más largo de la historia.
En los años cuarenta, alrededor de 624 adolescentes de diferentes estratos sociales fueron reclutados en EE.UU. para participar en un experimento que se alargaría durante toda su vida (y que aún hoy en día sigue en curso). Entre ellos figuran hombres de negocios, doctores, abogados, esquizofrénicos, alcohólicos e incluso un presidente de los Estados Unidos (John F. Kennedy). Los participantes han sido sometidos a cuestionarios y pruebas médicas, se les ha grabado en conversaciones con sus parejas sobre sus preocupaciones más profundas, se han llevado a cabo escáneres de sus cerebros etc. Con el fin de poder dilucidar alguna relación entre algún aspecto de la vida social y profesional con la salud física y mental (1).
Tras la recolección de todos estos datos a lo largo de los años se ha llegado a la conclusión de que, más que la fama o el dinero, lo que mantiene felices a las personas durante su vida, es la calidad de sus relaciones sociales, es decir, la relación con su pareja, sus amigos, la comunidad etc. Se ha visto que una mayor calidad de las relaciones sociales conlleva un retraso de la degeneración física y mental, además de actuar como un mejor predictor de una vida larga y feliz en comparación con otros parámetros como la clase social, el coeficiente intelectual o incluso los genes.
En palabras del director del estudio Robert Waldinger “el descubrimiento más sorprendente es que nuestras relaciones y cuánto de felices estemos en nuestras relaciones tiene una influencia enorme en nuestra salud. Cuidar de nuestro cuerpo es importante, pero cuidar de nuestras relaciones es a su vez una forma de autocuidado también. Y esa es, a mi parecer, la revelación".
De esta manera queda reajustada nuestra brújula y fijado el norte; la felicidad no se encuentra tras la cara de una moneda, ni al final de una carrera laboral, ni entre las hojas de un libro milenario, la felicidad, señoras y señores, se encuentra en nuestra naturaleza gregaria, excepto para los estoicos, esos van a su rollo.
NOTAS
(1)-What makes a good life? Lessons from the longest study on happiness | Robert Waldinger. (2015). [Video].
(1) -Good genes are nice, but joy is better. (2017). The harvard Gazette. https://news.harvard.edu/gazette/story/2017/04/over-nearly-80-years-harvard-study-has-been-showing-how-to-live-a-healthy-and-happy-life/

































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