Se cumple el primer año de pandemia
Coronavirus: Año I
Hace un año, el 14 de marzo de 2020, Rota presentaba una imagen inusual, desoladora. Calles vacías, negocios cerrados, ciudadanos encerrados en casa, la actividad empresarial paralizada, los colegios silenciosos, los parques sin niños, la playa desierta y en la familia, sentimientos extraños donde trabajar y las tareas del hogar se hacían en el mismo espacio.
Ni los mayores que vivieron una guerra recordaban una paralización del país similar a la que comenzó a vivirse una vez que el Gobierno de España anunciara el estado de alarma aquel 13 de marzo; días antes, la Organización Mundial de la Salud declaraba el coronavirus como pandemia. Era 11 de marzo de 2020. Parece que hace mucho y no hace tanto.
Rota fue de esos pueblos que tuvo suerte. La situación de muertes y hospitales saturados que se vivía en la capital del país, quedaba lejos. Todo se veía por la tele, en redes sociales, en los medios de comunicación, en vídeos que se viralizaron a través de grupos de Whatsapp y como mucho, a través del testimonio de algún amigo o familiar que le tocaba estar en pleno epicentro de la pandemia, pero los roteños, estaban tranquilos. Ese principio de crisis sanitaria se vio y se vivió desde el balcón. Y así fue afortunadamente durante muchos meses.
No fue hasta el 20 de marzo cuando en Rota se conoció públicamente el primer caso por coronavirus y hasta el 15 de abril cuando se anunció el primer fallecimiento de un vecino (64 años) por Covid-19. En pocos días, el 17 y el 19 de abril, se anunciarían el segundo y tercer fallecido, de 62 y 83 años respectivamente, pero afortunadamente, la triste lista quedó paralizada hasta diciembre.
Durante ocho meses prácticamente, había semanas en los que los casos de coronavirus llegaban a cuentagotas o incluso ni eso. No había. Como dato significativo, a fecha de 17 de junio, rezaban en Rota 29 positivos confirmados desde inicios de la pandemia, y ese dato no se movía desde hacía un mes. Es más, el verano se saldó bien en estos términos, y a 9 de septiembre, había contabilizados solo 54 casos de contagios teniendo en cuenta que los meses de julio y agosto, aunque con restricciones, la localidad disfrutó de la llegada de veraneantes y de cierta normalidad.
Por lo tanto, en aquellos meses fatales, Rota era algo parecido a una burbuja donde el coronavirus se leía en periódicos y se veía en la tele, pero no tenía cara de ningún vecino o familiar. Esa gravedad no se dejó notar hasta el pasado mes de diciembre, agravándose en la conocida como tercera ola, durante enero y febrero, donde los contagios en la localidad han pasado de los 1.111 y los fallecidos oficiales se cuentan en 12. Ahí fue cuando los roteños notaron la pandemia más cerca. Siempre había conocidos que se habían contagiado.
Echando la vista atrás, aquellas frases alentadoras que se pronunciaban convencidos de que de esta crisis se saldría más fuerte o mejores personas, poco queda. El hartazgo, la preocupación, el paro y la incertidumbre se han apoderado de buena parte de la sociedad. Solo se quiere ver la luz al final del túnel, y con ello, poder alimentar, aunque sea un poco, la esperanza de que todo terminará y cuanto antes, mejor. La vacuna ha dado en estos meses un aliento, pero no está siendo suficiente porque doce meses son muchos meses para aguantar de pie, sin ingresos, sin trabajo y sin perspectivas.
Si se hiciera una encuesta sobre las imágenes destacadas de este primer año Covid, las respuestas serían muy variadas. Cada roteño tendrá en su mente una distinta, porque la crisis, no ha afectado a todos por igual.
Para muchos niños, seguro que está relacionada con algo así como el paraíso de tener a sus padres durante días en casa, con los que poder jugar, interactuar más de lo habitual y disfrutar del hogar. Para los adolescentes, la sensación de estar perdiendo el tiempo encerrados, sin posibilidad de disfrutar lo que esa edad demanda. Para los trabajadores sometidos al teletrabajo, el descubrimiento de la fórmula europea que existe con éxito, trabajando cómodamente desde casa, o la vertiente negativa de cómo no desconectar jamás del ordenador con malas conexiones y jornadas interminables. La imagen para un parado no puede ser nunca positiva porque el desasosiego de no saber cuándo volverán al mercado laboral lo empaña todo. Y luego están los trabajadores de actividades esenciales, que no tuvieron esa relajación en los peores meses del estado de alarma y que acudían al trabajo con miedo a contagiarse. Ir a comprar, recordarán, era silencioso, algo rápido, sin interactuar con ningún conocido, ni siquiera con la cajera. Y una imagen dolorosa es también la de aquellos empresarios o autónomos que teniendo un negocio con cuentas saneadas, han visto cómo poco a poco, se han ido colando los números rojos.
Capítulo aparte merecen los sanitarios, que pasaron de ser héroes aplaudidos a recibir críticas, y los profesores, que sin medios, intentaron no perder el curso escolar sometidos a las carencias que han quedado al descubierto con esta crisis. Y por último, los mayores, acostumbrados a visitas, besos y abrazos de hijos y nietos a los que se quedaron sin ver, aislados por su seguridad.
De las sensaciones de los primeros meses de pandemia poco queda, quizás la solidaridad que los roteños siempre han demostrado tener en momentos complicados, donde asociaciones, hermandades y voluntarios anónimos volvieron a mostrar lo mejor de sí mismos. Pero hoy, doce meses después de aquel inicio del Año I después del Covid, las necesidades y las preocupaciones van copando el hueco de aquella sensación nueva que muchos experimentaron estando horas y días encerrados en casa. Nadie imaginó que aquello duraría tanto. Lo peor, es que aún queda para salir de esta crisis.
Las esperanzas están puestas en el verano, en las vacunas y en que el maldito Covid aplaque su virulencia. Mientras, la vida sigue para unos mejor que para otros.

































Papafrita | Lunes, 15 de Marzo de 2021 a las 17:27:28 horas
Entonces..... se pue' ir ar bar ya?
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