De todos, de nadie
¿Se han planteado alguna vez el estado en que nos encontraríamos nuestras playas en verano si un solo día no se recogiese la basura desperdigada por la arena? ¿Y si fuesen varias las jornadas en que el personal de limpieza de nuestras playas no actuasen? El panorama que se dibujaría en la lámina de arena sería desolador y lamentable. ¿Significa que la mayoría de los usuarios de las playas son unos groseros que van esparciendo restos de comida, bolsas de basura, latas de refrescos, colillas... a su alrededor? La respuesta es NO. En realidad, la inmensa mayoría de la ciudadanía es respetuosa en este sentido. La falta de civismo se da solo en una parte minoritaria de la sociedad. Esa minoría no conoce ni practica el respeto. Si así actuase la mayoría de los ciudadanos, haría falta doblar o triplicar la plantilla del personal de limpieza de playas para mantenerlas en un estado impoluto.
¿Se han preguntado en alguna ocasión si todas aquellas personas que tienen perros como mascotas no recogiesen los excrementos de sus animales depositados en la vía pública cual sería el estado cochambroso de nuestras calles y avenidas? Algunos lugares frecuentados por los incívicos personajes ya dejan una estampa nada agradable. Pero la mayoría SÍ recogen los excrementos de sus mascotas. De lo contrario, ya digo, nuestros ojos contemplarían una eterna inmundicia. Es esa minoría la que provoca que los detritos de sus mascotas invada el lugar de todos. Hay que añadir que las micciones de los canes son un foco de infección constante y, en ese sentido, hay que decir que la mayoría no limpian ni desinfectan el lugar dónde sus mascotas mean. Sigue siendo una asignatura pendiente.
Si nos damos un paseo por la pasarela de madera que recorre nuestro pinar podemos observar restos de basura en algunos lugares. No son muchos, es verdad, pero no debería haber ninguno. Una vez más, la falta de civismo de unos pocos ensucian un entorno que es de todos. Los que actúan de ese modo se pueden escudar en la falta de papeleras en determinados lugares. Excusa insustancial, por supuesto. No se puede pretender que se coloquen papeleras cada cien metros en el pinar.
Las personas que así proceden manifiestan una total falta de respeto hacía los vecinos que comparten con ellas un espacio común que es de todos. Sólo la educación en valores puede corregir semejantes conductas. Se puede apostar por sancionar semejantes comportamientos pero ello no conduce a una solución definitiva que lo permita erradicar. Aunque también hay que decir que hay sujetos que sólo atienden cuando se “ataca a sus bolsillos”.
Desde las instituciones públicas se han llevado a cabo campañas de sensibilización pero estas, o bien no llegan a todos o esa caterva insolidaria no les afecta los mensajes emitidos. La sanción económica, en estos casos, debería ser sustituida por la penalización de “trabajos de limpieza”.
¿Cómo podemos concienciar del deterioro de nuestro planeta a esta “guarra minoría” si no la hacemos percatarse de los efectos que sus cerdadas provocan en el medio urbano?
Muchas interrogantes que no son nuevas. Lamentable.












Josele | Miércoles, 28 de Octubre de 2020 a las 19:40:58 horas
El orín de perro es desinfectante y mata virus y bacterias. Por más que entiendo que no es agradable el olor y que lo hagan en tu propiedad.
Eso de llevar la botellita es una gilipollez , un perro macho marca 20 sitios cuando sale. Que hay que llevar 100 litros de agua con jabón. Simplemente hay que ir por sitios más despoblados, más parques de perros y menos intolerantes.
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