Racismo y xenofobia en Europa
Lo que los españoles vivieron en el extranjero puede enseñarte mucho sobre racismo. Cuando eres tú el emigrante en un país desconocido es cuando verdaderamente te das cuenta de en qué consiste el racismo.
Los emigrantes solo vienen aquí a robar y violar, nos quitan el trabajo, el gobierno se gasta mucho dinero en mantener a los refugiados, son alguna de las perlitas que se pueden escuchar últimamente entre los sectores más radicales de la población de nuestro propio país y de Europa y más en Alemania.
Aunque a algunos nos pueda horrorizar oír estos argumentos de mierda y nos parezcan espantosamente racistas, no todos deberíamos ir presumiendo de nuestra tolerancia, ya que como veremos más adelante, tanto el racismo como la xenofobia pueden adoptar formas y aspectos muy distintos y, aunque no nos demos cuenta, todos caemos en comportamientos que destilan cierto tufillo intolerante.
Soy José Mateos Mariscal, un español que lleva años viviendo en Alemania y que he tenido que enfrentarme a todo tipo de discriminaciones en mi vida, el peor tipo de racismo es el invisible: hay personas que ni siquiera se dan cuenta de que son racistas, y eso es lo peor porque entonces creen que es que no tienen que cambiar nada de su comportamiento.
Pero, ¿qué ocurre cuando somos nosotros mismos los que nos vemos obligados a emigrar a otro país en busca de un futuro mejor? ¿Estaremos entonces expuesto a las mismas situaciones de discriminación e incomprensión? Podríamos pensar que no, que quién nos iba a discriminar si la mayoría de españoldes somos blancos europeos, pero la realidad es bien distinta.
Llevo siete años viviendo en Alemania y también he experimentado este tipo de rechazo. He conocido algunos alemanes que piensan seriamente que los españoles somos más ignorantes y menos trabajadores, más vagos, analfabetos, inferiores a ellos.
Nos intentan estafar, nos dan trabajos que no quiere nadie e incluso en más de una ocasión he sentido que mis opiniones en el trabajo han sido ignoradas deliberadamente. Hasta que no pasaron unos meses y realmente me hice valer por mi trabajo y mis capacidades, algunos de mis compañeros no me tomaron en serio. Muy triste, pero es lo que conlleva llevar la etiqueta de extranjero esclavo en la frente, un recuerdo que me indigna.
Los primeros meses no son nada fáciles. No entiendes el idioma y la gente de tu alrededor se frustra. Mis compañeros de trabajo prácticamente no me hablaban porque no entendía nada. Y claro, te sientes solo. Además, los españoles también nos vemos obligados a lidiar con los típicos clichés en el extranjero. En cuanto les digo que soy español, hacen referencia a los toros. Que dormimos la siesta. También me preguntan que si en navidades bailamos flamenco. En fin, da que pensar.
Las distintas caras del racismo y la xenofobia
Aunque la esencia de estos dos términos sea la misma —la exclusión o rechazo a un colectivo—, la principal diferencia está en que el racismo odia a la persona por su grupo étnico, mientras que la xenofobia odia a cualquier extranjero simplemente por el hecho de pertenecer a otro país.
Pero lo que no me esperaba era que iba a sufrir discriminación no por mi religión católica sino por mi país de procedencia, España. Hay una idea muy extendida de que los españoles estamos invadiendo a los alemanes, muchos opinan que venimos a quitarles el trabajo. De hecho, se estima que en Alemania viven y trabajan alrededor de 156.000 españoles, siendo la tercera comunidad extranjera más numerosa por detrás de Polonia y Turquia.
Si volviera a España cambiaría muchos de mis comportamientos en lo que respecta a los extranjeros. Mi experiencia como expatriado me ha ayudado a vivir en mis propias carnes lo que es sentirse solo en otro país, y que además, te infravaloren por el simple hecho de ser de fuera. Yo creía que era muy inclusivo y para nada racista, pero ahora me doy cuenta de que la discriminación puede esconderse en los detalles más insignificantes.












Manuel | Sábado, 18 de Julio de 2020 a las 17:23:58 horas
Así es como tienen que sentirse los emigrantes que, año tras año, acuden a los campos de Huelva, por ejemplo. Siguen viviendo en chabolas de plástico que ellos mismos se construyen porque no hay infraestructura para acogerlos y después de una duro día de trabajo lo mínimo que se quiere es una buena ducha en condiciones dignas.
Ni Ayuntamientos ni Diputaciones ni ninguna Administración gubernamental de las muchas que tenemos pone remedio. Ni siquiera esa izquierda solidaria "de boquilla" que se manifiesta por infinidad de nimiedades dice nada contra esta forma de xenofobia. Todos se sacuden el problema y ahí sigue, año tras año sin solución.Solo algunas ONG les ayudan. NO votan y eso les condena a la miseria.
Contarán lo mismo que tú cuando vayan a su país, eso seguro.
Salud y Libertad
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