La despedida del año
En esta sección publicamos capítulos del libro "Desde los pinares de Rota" (Relatos y cuentos), escrito por el roteño Prudente Arjona que gentilmente lo ha cedido para compartir con los lectores de Rotaaldia.com. El autor, quiere simplemente que se conozcan las historias populares que describe y en esta sección de Opinión semanalmente se irán publicando.
LA DESPEDIDA DEL AÑO
“Es un buen recurso, encontrar alternativas positivas en los imponderables”
Con toda prisa intentamos que la contabilidad cuadrara a la primera y que cada sección coordinara matemáticamente sus balances de manera que a las tres de la tarde estuviésemos prestos y dispuestos para tomarnos unas copas y así despedir el año con los compañeros de la sucursal. En el archivo de la entidad bancaria habíamos hecho acopio de diversas cajas de bebidas y cajas de dulces propios de la fecha, con los que otros tantos clientes nos habían obsequiado al personal de la oficina bancaria, en agradecimiento a nuestro esmerado servicio. Como cajero principal cuadré el efectivo en existencia, con el movimiento del día; Todo perfecto para salir pitando, pues por la noche celebraría con una veintena de amigos y sus respectivas, la fiesta fin de año en un amplio garaje de mi amigo Javier.
Estaba poniéndome la chaqueta mientras conversaba alegremente con los compañeros sobre lo que nos esperaba aquella noche, cuando el director me hizo llamar a su despacho para preguntarme si había cuadrado la caja: Naturalmente -le dije- ¿Qué ocurre¿ -le pregunté-
El director, con cara de pocos amigos me aclaró, que en la nómina y la paga extra de navidad, de la empresa, Constructores Reunidos S.A. enviada con la empresa de seguridad por la mañana, le faltaban tres mil euros.
Yo le aseguré a mi Jefe tener cuadrada al céntimo la caja y que el error no era de la sucursal, sino de la empresa de construcción- Por mi parte ya me estaba temiendo lo peor, pues los bancos creen antes a los clientes que a sus empleados, así que estaba esperando de manera inmediata la temida palabra: “Tienes que hacer arqueo general” a sabiendas de lo que aquello significaba, pues en la caja central nos habían ingresado muchísimo dinero aquella mañana, procedente de las ventas de los comercios del centro, cuyo efectivo estaba preparado en sacas a la espera de los transportistas de seguridad que llegaría en cualquier momento, lo que me obligaría a recontar cada uno de los billetes, mas las existencias en caja, monedas, recibos y demás valores custodiados.
Como así fue, el director me dijo, que tenía que empezar a realizar el proceso del arqueo, pero que como teníamos previsto tomar una copa, pues que llamara a la empresa de seguridad para retrasar el envío hasta tanto no me asegurara de que la equivocación no se encontrara entre el contenido de las sacas.
La sucursal bancaria se hallaba en el mismo edificio de la sede central del banco, donde en la planta séptima se hallaba la caja central y las oficinas de los directores generales y el despacho del Consejero Delegado de la Entidad.
Nos marchamos hacia el restaurante, yo, con el ánimo por los suelos al saber que tendría que volver y recontar miles de billetes de los mas diferentes importes…
A las cinco de la tarde yo no tenía ganas de nada, por lo que abandoné la convivencia laboral, pasándome directamente por una tienda a comprar las uvas, los confetis, gorros, narices postizas, plumeros etcétera. que mi amigo Javier me había encargado para la fiesta de fin de año, pues tenía la seguridad de que, cuando finalizara mi tarea, estarían todos los establecimientos cerrados.
El servicio de seguridad me abrió las puertas del edificio financiero, encaminándome hasta el ascensor que me llevaba a la planta séptima, para de inmediato comenzar con mi trabajo del recuento del efectivo, el cual no era fácil por la enorme cantidad de dinero totalmente separado y precintado para contar.
Pasaban las horas y parecía que el dinero aumentaba, así que hice una parada y decidí tomarme una copa de vino de la reserva común, para estimular mi ardua labor en un día fin de año. Sobre las once de la noche tenía prácticamente todo el dinero contado sin que hubiese detectado fallo alguno, por lo que con toda seguridad, el error estaba localizado en la empresa constructora, así que entre copas y billetes la noche se me echó encima cuando faltaba solo el tiempo justo de llegar a la fiesta de despedida del año. Cerré la caja de caudales, tomé una caja de champaña de la colectividad y me dirigí al ascensor, con las uvas y demás accesorios de divertimentos para pasar la noche con los amigos.
No hice nada más que entrar en el ascensor y apretar el botón de la planta baja, cuando el fluido eléctrico desapareció quedándome encerrado y a oscuras en el elevador y atragantado entre la planta séptima y sexta, por lo que recurrí al resorte de alarma, pero nada funcionaba, percatándome de que no era una avería, si no que el servicio de seguridad desconectaba el fluido por seguridad a partir de las doce de la noche, para que nadie tuviera acceso ni a la caja acorazada, ni a las oficinas principales. La cosa se me presentaba cruda.
Dentro del habitáculo blindado mi móvil no tenía cobertura, así que por mucho que llamé, grite y pataleé, nadie pudo enterarse de mi involuntario enchiqueramiento, pues se había efectuado el cambio de turno de los guardias de seguridad y podría afirmar que el grupo saliente no le habían transmitido a los entrantes, que yo estaba arriba. Pero lo peor era, que ni aquella noche, ni al siguiente día -primeros de año, y por consiguiente, jornada festiva- ni tan siquiera las limpiadoras usarían dichas dependencias, ni el ascensor. Así que tras una hora de infructuoso encabronamiento mental, entendí que la paciencia era lo único que me podía hacer más llevadera las muchas horas que me quedaban por delante de encarcelamiento. La luz del móvil me sirvió para situarme, así que con toda resignación decidí abrir una botella de champaña y una bolsa de uva. Pasaron las horas y mientras la desesperación aumentaba, el nivel del champaña bajaba y las ganas de hacer pipí se amplificaba; Optando por hacerlo en una de las botellas vacía del champán. Terminando por hacerlo en un rincón del ascensor. Aunque lo mismo daba, pues, pasadas las primeras ocho horas, el suelo del ascensor era una pocilga.
Llegó el día dos de enero, y a las siete de la mañana, los servicios de seguridad conectaron el fluido eléctrico en todo el edificio, hora en que el Consejero Delegado del banco entraba por las puertas de la entidad, con su acostumbrada, ejemplar y maldita puntualidad.
El panorama que se encontró al abrir el ascensor fue de lo más sorprendente y escatológico, pues, sobre la alfombrilla del ascensor halló a un individuo sumergido en una charca de orín, vómitos, excrementos, huesos de uva, botellas vacía, confetis, barba de tres días, el cabello arremolinado y pegajoso, la chaqueta y pantalones sucios y apestoso, y una cara de zombi demacrado, que el gorro de cartón descolorido, le hacía parecer aún más esperpéntico. Los ojos del Consejero Delegado se salían de sus órbitas, mientras que con los dedos se tapaba la nariz ante el fétido efluvio que emanaba del interior del ascensor… Tras situarse ante la estrambótica situación, un grito espantoso salió de su garganta:¡¡¡Seguridad, seguridad…!!!.
Dado al estado de embriaguez que había soportado durante todo mi encierro y que sirvió para hacer mas llevadero el cautiverio, solo acerté decir -al tiempo que le saludaba militarmente- “Sin novedad en el frente, mi Capitán, la Caja está cuadrada...”
Tras la tragedia del ascensor y todo lo que dio de si el asunto, lo extraño es que no me despidieron, sino que por el contrario me ascendieron a
Encargado de la limpieza y desatascos de los retretes y letrinas del edificio bancario…
El Sr. Consejero Delegado, además del titulo detallado y para evitarme otro percance semejante, me tiene prohibido el uso de los ascensores, por lo que cada día en mi función de limpiador de todos los retretes del inmueble, por lo que, me veo obligado a subir y bajar decenas de veces al día, las siete plantas del edificio bancario.
¡Ah!, menos mal que el descuadre de los tres mil euros fue un error contable de la empresa de construcción!, que si no...












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