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Prudente Arjona
Sábado, 20 de Junio de 2020

Diálogo electrónico

[Img #134237]En esta sección publicamos capítulos del libro "Desde los pinares de Rota" (Relatos y cuentos), escrito por el roteño Prudente Arjona que gentilmente lo ha cedido para compartir con los lectores de Rotaaldia.com. El autor, quiere simplemente que se conozcan las historias populares que describe y en esta sección de Opinión semanalmente se irán publicando.

 

 

DIÁLOGO ELECTRÓNICO

A veces, buscamos en las ramas, lo que se encuentra en las raíces”

           

 

Salgo de la oficina en dirección a casa. En el autobús ojeo lo que puedo del periódico, pues los frenazos, me hacen releer cien veces el mismo párrafo.

 

Bajo del autobús, sigo leyendo. Tropiezo con un viandante... Decido doblar el diario y entro en el portal donde varias personas hablan gesticulando exageradamente.

 

Creo que son vecinos míos; no los conozco, pues aun cruzándonos en los pasillos o en el ascensor, ni nos miramos: Estamos todos demasiados metidos en nuestro papel de gente ocupada que quiere llegar pronto a la oficina para ver los correos electrónicos recibidos antes que llegue el jefe; Ayer me cogió escribiendo a una argentina que trabaja en una residencia de ancianos y que en sus ratos libres le gusta navegar a la deriva...

-Hablar, chatear; es el deporte internacional por excelencia...

 

Increpo a un pequeño grupo para saber qué era lo que ocurría en casa, por si afectaba a mi familia, ¡Claro!

 

Una señora me comenta: —Ha muerto la anciana del cuarto; Llevaba cuatro días finada. Como vivía sola la pobre desde que falleció su marido hace 9 años, pues nadie la ha echado de menos...

 

—¡Ah!, ¿pero en el cuarto vivía una anciana?

 

—¡Sí!, llevaba en el mismo piso treinta años -me contesta mi interlocutora.

 

Comienzo a sentir vergüenza. ¿Cuántas veces me habré cruzado con ella en la misma planta? Treinta años puerta con puerta y no la conocía...

 

Entro lívido en casa; mi mujer me cuenta el asunto por segunda vez, añadiendo: —Juan, el olor de la descomposición es lo  que ha alertado al vecindario. ¿Tú no has olido mal en el pasillo?

 

Exculpándome, le digo: —María, cuando estoy constipado, como bien sabes me afecta al olfato...

 

Entonces me pregunto: —¿Ha necesitado morirse esa señora, para saber yo que ella vivía?

 

—Dicen que había mal olor en el pasillo... –Pero, ¿de dónde emanaban los efluvios pestilentes? —¿del hedor de la muerta, o del husmo de los cadáveres deshumanizados de la vecindad, como yo: sin corazones y vacías de cuerpo y alma?...

 

Y sigo cuestionándome, -¿cómo se puede convivir en un mundo sin dialogo entre las personas de diarios?. ¿Para qué queremos tanto correo electrónico, tanto Chateo, tanto whatsApp  y tanta pagina Web?, ¿Para qué necesitamos conectarnos de forma fría y distante con gente sin rostros a miles de kilómetros que nunca veremos, cuando a las personas que nos rodean les negamos el saludo, la comunicación, la sonrisa, la palabra, el calor humano...?

 

—No estoy seguro si mañana pensaré lo mismo, pero voy a intentar desde hoy, saludar, conocer e interesarme por mis vecinos, en adelante. O eso creo...

 

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