La mariposa de Chuang Tzu
En busca de respuestas. Más o menos así acababa mi última ‘Opinión’ del pasado mes de mayo, en la pirandelliana línea de ‘Seis personajes en busca de autor’, ya sabe, la famosa obra del nobel escritor italiano, sólo que en ese caso reducida a una terna de cuestiones que le recuerdo, poniéndolas negro sobre blanco: ¿Desde cuándo existen los microrrelatos? ¿Cuál es el primero que conocemos? ¿Cuál el más conocido? Bien, veamos. Por lo que tengo averiguado, esta brevísima invención verbal es tan antigua como la propia ficción, que es decir tanto como que es tan vieja, o casi, que la propia especie humana. Lo que bien puede ser porque ya aparecen, por escrito, en los imaginarios hindú, chino y egipcio, o sea que hablamos de una creación de la Antigüedad oriental. Y entre los primeros microrrelatos, quizás sea el más antiguo del que tengamos conocimiento, se encuentra aquel que intitula la entrega, con esta economía de texto: “Chuang Tzu soñó que era una mariposa. Al despertar ignoraba si era Chuang Tzu que había soñado ser una mariposa, o si era una mariposa que soñaba ser Chuang Tzu”.
Lo que no cuenta su autor, el filósofo chino Chuang Tzu (369-290 a. C.), es lo que le ocurrió durante el sueño y por qué al despertar tenía esa duda. Si era porque se trataba de un hombre que había soñado ser un lepidóptero, o porque era un lepidóptero que soñaba ser un hombre. Si una mariposa que, contenta de serlo, revoloteaba alegremente no sabiendo que era Chuang, o él mismo quien, de repente despierta y descubre que es una mariposa, asombrándose naturalmente de serlo. Y ya no sabe si era Chuang que soñaba ser una mariposa, o era una mariposa que estaba soñando ser Chuang. Una duda cognitiva que surge de la incompletitud del relato, y a la que no estaría nada mal aplicarle uno de los aforismos del maestro chino: ‘Las palabras deben detenerse siempre, ante lo que el entendimiento ignora’. Haciendo caso omiso a la sabiduría del mismo, le ofrezco una versión reducida de la historia completa, eso sí, dividida en dos partes.
Una historia completa (primera parte). ‘Una fresca tarde de primavera Chuang Tzu llegó a la orilla de un lago y se sentó a descansar, quedándose al poco rato dormido y soñando que era una mariposa que mientras revoloteaba, veía que el mundo era hermoso y estaba lleno de flores y aromas. Al principio le costó adaptarse a las alas, le parecían demasiado grandes y poco manejables, además, su cuerpo era tan liviano como un sueño y una suave brisa bastaba para arrastrarla varios metros y desviarla de su rumbo. Pero poco a poco se fue acostumbrando, aprendiendo a dejarse llevar por las corrientes de aire y desplazarse más cómodamente de flor en flor. La mariposa que una vez había sido Chuang Tzu enseguida aprendió también a libar las flores con su trompa extensible, y descubrió que el néctar era embriagador. Fue en uno de esos momentos, mientras se deleitaba con él, cuando descubrió aterrada que, a sólo un paso de ella acechaba un enorme camaleón verde, inmóvil cual estatua y hambriento. Como es sabido de todos, si hay algo que produzca pánico a un lepidóptero es precisamente un reptil, de ahí que se quedara muy, muy, quieta, conteniendo la respiración y sabiendo que su vida pendía de un hilo muy, muy, fino’.
Una historia completa (segunda parte). ‘Sabía que para el camaleón, que no nunca había sido Chuang Tzu y la vigilaba con el ojo izquierdo atento a su más mínimo movimiento, ella no era más que comida, así que el momento más que delicado era vital. Sin embargo, cuando todo parecía perdido, llegó un ruidoso abejorro al que el camaleón le dedicó la mitad de su atención con el otro ojo, el derecho. Y la mariposa supo que tendría una oportunidad de salvar la vida, aunque ésta solo duraría menos de una décima de segundo. Justo el tiempo transcurrido desde que el himenóptero, que tampoco había sido nunca Chuang Tzu, haciendo el mismo ruido que una avioneta perdiendo altura se posara cerca del camaleón, y éste disparara su larguísima y pegajosa lengua a la velocidad del rayo, atrapándolo. Entonces, y solo entonces, la mariposa desplegó sus alas y una ráfaga de viento la arrastró fuera del alcance del camaleón. Su diminuto corazón latía desbocado mientras buscaba un lugar seguro donde refugiarse y descansar, y que encontró en una cómoda hoja de junco a la orilla del lago donde se quedó dormida. Fue cuando la mariposa que una vez había sido Chuang Tzu, quien soñaba que era una mariposa, soñó que era un hombre, Chuang Tzu, y ya no sintió miedo del camaleón, pudiendo dormir sin temor’.
Y de la mariposa -protagonista junto al sueño y el hombre del microrrelato que está considerado como uno de los primeros-, a otro animal que también en un entorno onírico, protagoniza al, quizás, más conocido de todos los relatos hiperbreves, el que lleva por título ‘El dinosaurio’. Hablando de minicuentos, le dejo con uno que me mandó ‘Hermano Lobo’ en un comentario: “Siento pasos, siento gente...ciento quince, ciento veinte”. Gracias.
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FUENTE: Enroque de ciencia












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