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Carlos Roque Sánchez
Sábado, 16 de Mayo de 2020

‘Nueva normalidad’ (1)

[Img #133377]Normalidad en tiempos de coronavirus. Dicen que toda crisis que se tenga por tal -independiente de su naturaleza social, política, económica o sanitaria, que eso no hace al caso-, no deja de construir su propio lenguaje en cuanto tiene la menor oportunidad y le dejan. Bueno, en realidad, es la sociedad quien lo hace o, bien dicho, son algunos de sus dirigentes los inventores y quienes, con posterioridad, nos permiten al pueblo llano utilizarlo como si fuera nuestro. Y naturalmente la actual crisis sanitaria, asociada a la enfermedad de la COVID-19 causada por el coronavirus SARS-CoV-2, no podía ser menos. Así, a vuela tecla y a modo de ejemplo, se me vienen a la mente términos y expresiones como: coronavirus, brote epidémico, pandemia, distancia social, desescalada, mascarillas FFP2 y quirúrgica, desconfinamiento, trasmisión comunitaria, seroprevalencia, corona glucoproteínica, cuarentena y, por supuesto, la que nos trae hoy aquí y con la que llevamos ya unos cuantos días desayunándonos, ‘nueva normalidad’.

 

Una expresión que al margen de que nos guste más o menos -al fin y al cabo para gusto están los colores, para colores las flores y para flores el mes de mayo-, o que se ajuste mejor o peor a la situación que vivimos y nos queda por vivir, lo cierto es que para todos y desde un punto de vista general, el uso de esta expresión no tiene nada de nuevo. Y para algunos, ahora desde el punto de vista de la lengua, tampoco de bueno, trato de decir con esto que las palabras importan a la hora de describir una realidad y, por lo general, su elección nunca (o casi) es casual ni inocua por parte de sus creadores. Precaución.

 

Una secuencia no tan nueva. En honor a la verdad hay que señalar que, si bien la expresión ya era utilizada en las últimas semanas y en diferentes medios, el empujón definitivo, el salto al olimpo lingüístico se lo dio hace unos días su inclusión en un documento oficial del Gobierno de España, del que resulta ser una especie de forma abreviada. Me refiero al denominado Plan para la Transición hacia una Nueva Normalidad, que en su anexo II recoge lo que da en llamar La Previsión orientativa para el levantamiento de las limitaciones de ámbito nacional establecidas en el Estado de Alarma, en función de las fases de transición a una nueva normalidad. Casi nada era lo del ojo y lo llevaba en la mano, que dijo uno.

 

Aunque con un origen confuso, le decía más arriba que la secuencia de marra no tiene nada de nuevo y es así. Por ejemplo, y sin salir del suelo patrio, en la década de los setenta del siglo pasado ya se empleaba para aludir a la nueva normalidad democrática, que por aquel entonces empezaba a vivirse en España. Más de cuarenta años desde entonces, para este uso político de la cosa gramatical. En el actual siglo XXI -ahora a nivel internacional, ‘new normal’ en inglés para más señas y ligado al terreno económico-, la expresión aparece reflejada en diferentes documentos a finales de la primera década del siglo. Salvo error por mi parte, su uso como construcción lingüística asociada a un contexto determinado se popularizó tras la crisis económica de 2008, para expresar con ella algo trascendente. Caución.

 

Una expresión un poco inquietante. Lo titulo así ya que, a partir de ese momento, nada volvería a ser como antes, y lo que con anterioridad había sido considerado como anómalo, ahora pasaba a ser un lugar común. Empezarían a ser normales situaciones que hasta entonces no lo habían sido y, lo que es ya culminante, se trataba de un cambio que había que aceptar e interiorizar pues, lo que hasta entonces no había pasado del nivel de la anécdota ahora alcanzaba el rango de categoría. A partir de ahí su empleo se fue extendiendo a otros ámbitos del conocimiento (meteorología, política, medicina, social, ecología), y de la expresión se hicieron eco hasta los filósofos, no le digo más. Bueno, le apunto algo. De esta ‘nueva normalidad’ o ‘new normal’, en abreviatura ‘N. N.’, habla en 2018 el filósofo y politólogo austriaco Paul Sailer-Wlasits (1964), para referirse al populismo político de la administración de Donald Trump.

 

Y al año siguiente profundiza en este concepto el ensayista y filósofo alemán Hans Martin Esser (1978), afirmando que una nueva normalidad nunca es la perpetuación de un estado de emergencia, ya que, según él, la normalidad es permanente. Hasta donde me consta, es el joven canciller austriaco Sebastian Kurz (1986) el último en subirse al carro, lo hizo el pasado mes de abril con la expresión “neue normalität”, y no me cabe la menor duda de que será el primero de una lista conformada por dirigentes de distinto pelo y pelaje. Ya me entiende. Una expresión un poco inquietante le decía (al menos a mí me lo parece), sobre todo si está asociada a la enfermedad del COVID-19 y no ya porque con la salud no se juega o no se debe jugar, sino porque utilizar el lenguaje como arma de doble filo, no puede traer nada bueno a nadie. Inquietante sí y, bien pensado, incluso turbadora a la vez que contradictoria y paradójica pues, si es normalidad ¿hasta qué punto puede ser nueva? ¿Estamos ante un simple galimatías, un trabalenguas, o por el contrario ha nacido un nuevo oxímoron? ¿No se tratará de otro constructo embaucador de una orwelliana neolengua? Estado de alarma. (Continuará).

 

 

CONTACTO: [email protected]

FUENTE: Enroque de ciencia

 

 

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