¡Despierta! (por Ángela Ortiz Andrade)
Hoy que no has quedado para salir a desayunar y estás en casa; a las diez de la mañana todavía llevas puesto el pijama. Has cambiado la media tostadita integral y el manchado con sacarina, por las galletas de chocolate favoritas de tu hijo y doble ración de azúcar en el café; total, ya puestos…Tú que tratas al sofá como si fuera un chico burbuja, “no fumes aquí, ten cuidado, no lo vayas a quemar; ¡aaaahhh!, esos zapatos fuera, que lo manchas…”, te ves tumbada ahí mismo dando buena cuenta de tus galletas que te parecen aún más ricas cuando las devoras a solas. Te incorporas e introduces la cucharilla en la taza que colocaste sobre la mesa de centro sin un platito, ni una servilleta que la aísle de las manchas, a lo camicace. Mientras meneas el café instintiva y profusamente, no sabes si lo que quieres diluir en él es el azúcar o tus pensamientos.
Durante este espacio de intimidad, te concentras en la tarea de hacerle un repaso a la vida.
Te lamentas al ver que no has alcanzado lo que planeaste en su momento, tus objetivos se han ido difuminando y te encuentras descolocada. El trabajo ya no te motiva, se ha convertido en algo mecánico y cotidiano; tus hijos ahora te miran como si estuvieras fuera de lugar, más bien a años luz, no te entiendes con ellos y para colmo descubres anonadada y acojonada (hablemos claro) cómo tu marido en plena crisis de los 40, se esfuerza en establecer nuevas relaciones personales y nuevas aficiones que lo retenga en alguna década anterior a la suya de la que tú no formas parte; mientras todo esto sucede ante tu perpleja mirada, intentas buscar tú también un lugar, alguna persona, un hueco donde encajar, porque de tanto tiempo dedicado en cuerpo y alma a los tuyos, resulta que te das cuenta de que te sientes más sola que nunca, tu triángulo perfecto “familia, casa, trabajo” se ha venido abajo delante de tus narices; tienes la sensación de que en casa se ha extendido la máxima del “sálvese quien pueda” y lo que es peor, que has llegado hasta esta situación sin saber cómo.
¡Deja de mover la cucharilla y tómate el dichoso café de una vez, que ya estará frío!, ¡¡DESPIERTA!! ¿No te das cuenta de que el fallo no está en incumplir tus objetivos? ¿Acaso no ves que el error, el tremendo error está en querer planear la vida?
Porque la Vida es libre, ilógica y confusa, tan caprichosa que te puede acariciar o castigar sin mesura. A veces bella, otras horrible, pero siempre deseada por encima de todo.
Mírate. Has llegado hasta aquí y sigues de una pieza, con alguna herida mal curada durante el viaje y seguramente más disgustos que alegrías; numerosos sinsabores, incontables decepciones y un universo de cosas grabadas a veces con sangre, las mismas que te han hecho muy fuerte, no sabes cuánto, pero creo que ahora es un buen momento para empezar a descubrirlo. Confía en que serás capaz de salir adelante, con la cabeza bien alta y la seguridad de la que tiene la lección bien aprendida; porque tú puedes, ya lo hiciste y volverás a hacerlo. Sólo necesitas una palabra: ADELANTE.
Ángela Ortiz Andrade






























Ángela Ortiz | Jueves, 08 de Junio de 2017 a las 11:45:56 horas
Estimado Manuel, muchas gracias por tus palabras que tanto me animan. Lo escribí con mucho cariño.
A "Emoti" decirle también que le agradezco su comentario, que participe y me haga saber que me lee, eso me da ánimos para seguir.
Un fuerte abrazo a ambos.
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