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Martes, 28 de Julio de 2015

Independentismo ayer y hoy

Casi todos los españoles conocemos un poco nuestra historia, y conocemos aquellos episodios que siempre han hecho de este nuestro país, una nación asaltada por convencidos independentistas. He vivido una pequeña parte del régimen del general Franco, mucho más tiempo en esta democracia tan deseada que nos dió la Constitución de 1978, y ahora estos tiempos con nuevos movimientos independentistas, que tratan de forzar al límite una pacífica convivencia nacional. Creo que ahora mismo,el Rey Felipe VI es un rey que tiene el apoyo mayoritario de la ciudadanía española, es más, creo que cuanto más tiempo va pasando, mayor es el apoyo y reconocimiento que recibe de los ciudadanos españoles. Los últimos acontecimientos ocurridos en estos meses o incluso en estos días, y todos ellos protagonizados por aquellos que tras unas elecciones municipales, han tenido la ocasión de acceder alguna parcela de poder local o autonómico, han inclinado aún más este apoyo a la actual monarquía. Me explico; las formas utilizadas por aquellos que coaligados, por supuesto democráticamente, con diversos partidos o grupos con raíces republicanas, han olvidado muy rápidamente, que gobernar para la mayoría, es también poner en marcha y en primerísimo lugar, las medidas adecuadas para una convivencia pacífica entre todos los españoles. Para ello, también por supuesto, es necesario abordar al mismo tiempo, todos aquellos problemas que verdaderamente preocupa a la ciudadanía de a pie, en su diario acaecer. Últimos gestos como por ejemplo el del alcalde de Pamplona, izando la ikurriña en el chupinazo en las más famosas fiestas del mundo, atentando contra el sentir generalizado del pueblo navarro que ya tiene su propia bandera autonómica sin necesitar la de otra Comunidad, pero efectuando tal maniobra con la clara mira abertzale, en progresar en su idílica idea de anexionarse en una imaginaria Euskalerría, la Navarra de sus sueños. En este caso, para justificar su desleal acto con el pueblo navarro, el citado alcalde de EH Bildu aludió razones propias de un "niño de parvulitos", como que izaba la ikurriña porque tres parlamentarias vascas habían llegado a la capital navarra para ver el lanzamiento del cohete. Corroboran estas conclusiones, los abucheos generalizados que recibió el citado alcalde al comenzar el último acto de estas populares fiestas ( el pobre de mí”) dirigiéndose a los asistentes primero en vascuence, y no teniendo más remedio ante la bronca popular, que interrumpirse asimismo, y hablar en castellano.


Otros movimientos, sobre todo en ayuntamientos catalanes, aunque existen otros tipos de gestos  por ejemplo en Santiago de Compostela o Cádiz, retirando en algunos casos imágenes del anterior o actual Jefe del Estado simplemente porque creen que con estas manifestaciones populistas, desplantan a la máxima autoridad nacional, han sido en mi opinión un desacierto total por parte de estos dirigentes. Sin duda alguna, se está provocando sin necesidad, demasiada indignación entre amplios sectores de la sociedad española. Están muy equivocados; los ciudadanos españoles no los han votado para esto, creo que no tendrán una nueva oportunidad. Todos estos casos de "menosprecio" apoyados en explicaciones que atentan la mínima inteligencia ciudadana, y desperdigados por toda la geografía nacional, están crispando a muchos millones de españoles, votantes o no de los partidos llamados constitucionalistas. La Constitución de 1978, la única que conozco, respeto y admiro desde aquel mismo momento que la voté, tiene plena vigencia y nos ha dado cuarenta años de convivencia en paz, progreso y bienestar. Asimismo, podemos observar atónitos, cómo todos aquellos que tratan de no respetar otras instituciones, u obvian la Carta Magna que no es favorable a sus ideas secesionistas, arengan como si de gurús se tratara, con mensajes estudiados con el objetivo de propiciar nuevos brotes independentistas. Al igual que aquellos otros pasados y trístemente recordados episodios independentistas, únicamente a donde nos pueden llevar, es a situaciones que no se merece una nación como la nuestra. Recordar la historia de España no es sinónimo de asustar a nadie, tal vez y en todo caso, de no volver a  “meter la pata”.

 


José Antonio Ursúa Toledo

 

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