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Miércoles, 06 de Mayo de 2015

Un paso atrás

Hoy quiero invitaros a reflexionar sobre lo que somos y cómo educamos a nuestros hijos. Se supone que estamos en un Estado de derechos en el que cada uno tiene la libertad de ser lo que quiera sin pisar los derechos de nadie. Pero todo lo que hemos conseguido hasta ahora lo estamos perdiendo y damos pasos agigantados hacia un pasado retrógrado y homófobo.

           

No podemos permitir que una persona que vista de determinada manera o tenga distinta condición sexual sea discriminada y/o humillada por ello. Nuestros hijos acaban siendo el reflejo de lo que nosotros mismos les inculcamos y así, estos adquieren sus conductas y lo reflejan en colegios, institutos y peor aún, en el resto de su vida.

           

A mí me educaron para no esconderme, para sentirme orgullosa de ser lo que soy, independientemente de mi condición sexual, que eso no le importa a nadie. Es una vergüenza que todavía haya padres, que intuyendo lo que son sus hijos, muestren rechazo y dejen patente ante ellos su desagrado ante una conducta sexual diferente. Lo único que consiguen es la frustración de algo que debe ser sagrado: el amor a un hijo, que debe ser aceptado sin condiciones.

           

En mi caso, por situaciones que viví cuando era adolescente, tenía miedo de mostrarme tal y como era, provocándome dolor y frustración. Me sentí liberada de las cadenas que me causó el entorno cuando hablé con mis padres y vi que mis miedos eran totalmente infundados.

 

Lo que se está consiguiendo con esta actitud es fomentar el odio y el rechazo hacia todas aquellas personas de distinta condición. Todos somos iguales, no hay más. Nadie debe avergonzarse por su orientación sexual, ni esconderse por miedo al rechazo y a las humillaciones.

 

Os invito a que demos un paso más hacia la igualdad. Entre todos podemos acabar con esta situación: ¡No más homofobia!

 

Gemma Ramírez Lorido

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  • Manolo A

    Manolo A | Miércoles, 06 de Mayo de 2015 a las 16:33:37 horas

    ¡Cuánta educación y cuánta contundencia! Brillante y triste reflexión. Estamos en mantillas en el respeto a las demás: ni la raza, ni el sexo, ni la religión, ni lo opinión política, ni la condición sexual, ni ...infinitos etcéteras, son motivos para ignorarnos y menos para discriminarnos.
    No seremos nunca personas mientras no aceptemos que las demás tengan libertad para ser como se sientan.

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