¿Banderas azules? No me hagan reír
Este domingo, día 12 de abril, bajaba dando mi paseíto mañanero por el arco de la calle de San Vicente de Paúl a la playa. “El día uno de mayo ya estaré yo bañándome… este año me voy a hartar de cruzarme la playa…”, pensaba mientras veía cómo la arena volaba cual metralla impulsada por el Levante. Frente al hotel Duque de Nájera, una trabajadora, armada sólo con una bolsa de plástico, se afanaba en limpiar el sector de playa donde suelen poner las hamacas. “¡Buena suerte con eso!” pensé.
Continúo mi paseo saludando a unos y a otros. Algunos son conocidos, otros son turistas que te dan el “buenos días” con una sonrisa. Españoles, americanos y alemanes, todos disfrutan de un paseo marítimo precioso, pero al que se le puede sacar aún más partido. Entonces veo a lo lejos una mancha gris en la arena frente a la plaza de la Costilla. “Será la sombra de una nube. Debe de serlo. Pero… no se mueve. Esa sombra está quieta. ¡Qué curioso!” Curioso no. Preocupante. La sombra sigue sin moverse y yo cada vez más cerca. Al final queda claro, otra vez el aliviadero de la Costilla haciendo de las suyas; la mancha gris es efectivamente eso: una mancha de mugre que cubre como una tela la fina arena blanca de la playa.
No es sólo mugre. Es basura generalizada que el agua de la lluvia que evacúa sobre la playa arrastra: compresas, toallitas húmedas, colillas, ramas, paquetitos de zumos y un horrible olor a cloaca que antes no percibía, ya que llegaba por barlovento del desagüe. No sé si sentirme enervado, abochornado o cabreado. ¿Cuántos somos los que constantemente denunciamos esto? ¿Cuántas veces nos habrán dicho que “Ya hay solución al aliviadero de la Costilla” desde el Ayuntamiento? ¿Cuántas veces me habrán entrado ganas de presentarme en el despacho del concejal de Playas con una caja de esta basura recién recogida, repartírsela por el escritorio y decirle “Si quiere explicaciones, hay varios cientos de kilos más en la playa”?
No me queda otra. Me resigno. Cojo la cámara y empiezo a disparar fotos. Empiezo a preparar mentalmente el artículo que ahora escribo. Y echo a andar por la orilla mientras veo un reguero de toallitas húmedas que la pleamar ha vomitado sobre la arena, como diciendo "Esta es vuestra basura, no la mía. Recogedla, guarros.” Sigo disparando. Al final llego al aliviadero de la calle Écija, la misma historia. Para más INRI el aliviadero tiene sus compuertas abiertas de par en par y sobre estas el azar ha dejado decenas de toallitas para que se sequen a la vista de todos. Las observo asqueado.
Entonces llegan por detrás de mí un matrimonio alemán. No entiendo mucho alemán, pero lo justo para entender que él le pregunta a ella “¿Pero a dónde me has traído, nena?” mientras le indica el aliviadero. Y ella abre los brazos indefensa como dando a entender “Esto no venía en el folleto”. Me mira él como pidiéndome alguna explicación, yo circunstancial representante de mi Pueblo no soy capaz de sostenerle la mirada y agacho la cabeza, avergonzado, mientras busco una escapatoria.
“Dies ist ein Scheiße!” suelta él con el cabreo comprensible de alguien que se ha gastado su dinero y sus días libres para irse de vacaciones a una playa llena de mugre.
“Efectivamente, caballero –pienso yo- no hay otra forma de decirlo”. “Esto es una mierda”.
José Antonio Rodríguez Domínguez































EL CHATO | Martes, 14 de Abril de 2015 a las 13:45:09 horas
Primero me gustaría agradecer a D. José Antonio Rodríguez este artículo, porque creo que es el sentir de todos los Roteños que quiere a su Pueblo y de verdad que quiere lo mejor para Rota y sus habitantes, y hacer un reproche al comentario a Mas que jarto, Lo que usted ha dicho o comentado es una Falacia y se le denota que es una barriga agradecida, que no quiere a Rota y los que mira es agradar a los políticos de turno, que son los que le alimenta para decir esa falsedades. Es una pena que allá personas como usted haciendo esto comentarios destructivos que no constructivos, por el simple hecho de no molde la mano de quien le da de comer, de verdad que me da pena de usted. Y gracia D. José Antonio trasmitir en este articulo la indignación que tenemos los que de verdad queremos a Rota y sentimos vergüenza ajena.
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