¿Puede la religión, los gobiernos y la cultura generar violencia de género?
Las Naciones Unidas declaran 1975 como el año internacional de la mujer. La situación de la mujer española no se podía comparar con los cambios y tendencias que se estaban manifestando en la Europa aquella. La mujer española todavía vivía con las barreras e imposiciones de la dictadura franquista. La posguerra se cebó especialmente con las mujeres. Todos aquellos derechos y modernización que la mujer había obtenido en la II República (1931) desaparecieron con el Nuevo Estado.
El modelo de mujer que se estableció a finales de la guerra civil supuso un gran retroceso para las mujeres. Se impuso una política de género donde se negaba a la mujer su autonomía individual, convirtiéndola en el eje de la moralidad social, quedando subordinada al ámbito doméstico. El papel primordial de la mujer era dar hijos. Se impuso una forma determinada de vestir, las mujeres jóvenes no debían salir solas, ni ir acompañadas de hombres que no fueran de la familia. Estaban prohibidos los métodos anticonceptivos y la eliminación de información sexual, además de castigar duramente a la mujer que cometía adulterio.
Se practicaba un discurso de sumisión ante el padre y el marido, transformando a la mujer en un ser inferior espiritual e intelectualmente, suprimiendo la educación, donde sólo podían llegar a la primaria, engrandeciendo el trabajo de ama de casa y la educación a los hijos. Se prohibió el trabajo a la mujer casada, exigían autorización del marido a través de una licencia marital para cuentas corrientes o acceso al trabajo, no podían elegir profesión ni hacer operaciones de compra y venta. Esta situación de dependencia de la mujer se mantuvo hasta 1975.
En 1966 se produce una reforma en la que la mujer española puede acceder a ejercicio de magistrados jueces y fiscales de la administración de Justicia. En 1975 algunos puestos continuaban cerrados para la mujer como era la Policía y las Fuerzas Armadas, alegando que la mujer podía perder atributos como la ternura, delicadeza y sensibilidad. (Revista de ciencias sociales Aposta: Manuel Ortiz Heras, Universidad de Castilla La Mancha).
Ante situaciones como estas, sean políticas, culturales o de otra índole, que crean violencia de género, hay que actuar. Hombres y mujeres deben trabajar juntos para que se pueda cumplir una igualdad en dependencia económica, y tanto hombre como mujer puedan controlar sus vidas y elegir cómo quieren vivir. Tenemos que trabajar por la dignidad, integridad y fin de la violencia sexista.
Hay muchas formas de violencia que las mujeres sufren por el hecho de ser mujer, como puede ser violencia doméstica, acoso sexual o costumbres tradicionales tan dañinas como la mutilación genital femenina, las bodas forzadas y los crímenes de amor.
Tantos las víctimas como los perpetradores de este tipo de violencia, se encuentran insertos en culturas cuyos sistemas de creencias legitiman directa o indirectamente el empleo de la violencia física en relación de pareja. Los roles tradicionales rígidos limitan las opciones individuales. Hay que fomentar la igualdad entre los sexos y el empoderamiento de las mujeres.
La situación de violencia hacia la mujer es un problema social a nivel global y local, y no habrá una mejora hasta que todos nos impliquemos, tanto los estamentos gubernamentales, como la sociedad en general. Hay que luchar por la igualdad y paridad de las mujeres.
Rosa María Castellano Márquez
































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