Juan Carlos I dice adiós
La abdicación de Juan Carlos I ha producido el golpe mediático que ha desplazado al fenómeno PODEMOS de las primeras páginas de la actualidad. Se podría pensar que se haya hecho oficial ahora con el propósito de ocultar el hecho citado, pero no parece que sea este un argumento de peso.
Sí se sabe porque así lo han expresado públicamente, que la idea estaba madurada para darse a conocer en enero; lo que nos permite concluir, con muchísimos más visos de realidad, es que el gobierno ha aplazado la noticia hasta después de celebrar las elecciones europeas para evitar posibles repercusiones en los apoyos electorales. Con la que les ha caído igual tienen que arrepentirse de medio a medio.
Puestos a hablar de torpezas en este país se empieza y no se acaba. No me dirán que no es una chapuza tener desde hace cinco meses la primicia y no haber aprovechado para preparar la famosa Ley de Abdicación que están haciendo ahora a todo trapo. Otra que todavía es más grave, aunque haya quien se pierda en el túnel del tiempo para justificarlo con las guerras carlistas, en nuestra Constitución existe un remedo de Ley Sálica, que antepone a los hombres por delante de las mujeres en la línea sucesoria, gracias a ella Felipe se colocó por delante de las hermanas. O sea que la hija mayor del príncipe, futuro próximo rey, será investida Princesa de Asturias ¡anda que si Leticia estuviese embarazada...la que se podía liar! Seguro que le harán la prueba de la rana antes del acontecimiento, no sea que nos veamos en otras guerras carlistas o como se pudiese llamar la criatura. ¿Qué les hubiera costado en 39 años hacer una ley en condiciones que acabase con el machismo predominante en la normativa actual? ¿En qué quedó aquello de que no habrá discriminaciones por motivos de sexo? O sea que una normativa anticonstitucional rige la herencia de los derechos dinásticos.
Lo cierto es que el verdadero objeto de este escrito no es perderse en galgos o en podencos. Mucho más importante, a juicio del que suscribe, sería la posibilidad de que el pueblo soberano ejerciera su derecho a decidir en referéndum si prefiere Monarquía o República, pero parece que la expresión resultará de difícil aceptación.
En una maravillosa democracia como nos la quieren pintar, tan devaluada como la vemos otros, se demostraría su verdadero talante democrático permitiendo a la ciudadanía que expresase su opinión. Este hecho mostraría la voluntad del país en un sentido o en el otro. Como conozco la respuesta que me proporcionarán quienes no comulgan con esta idea y me contarán la historia de que se votó en la Carta Magna, no me importaría recordarles, ya que muchos puede que desconozcan y que otros quieran olvidar, que la Constitución se tomó como lo de “Esto son lentejas...” donde el final era o esto o lo anterior. Juzguen el dilema.
Así que ya sabemos que toda la caterva de medios informativos se van a dedicar con especial exclusividad a lavarnos el cerebro, no sea que a la gente se le ocurra apuntarse al carro de los que que deseamos manifestar nuestra opinión en un referéndum. Partimos de que saben con seguridad que lo tienen ganado de calle, y si tuvieran dudas no tienen más que pedir asesoramiento a quien montó el referéndum de la OTAN. En resumen, que ni siquiera nos van a dejar opinar, ¡Olé, democracia!
Todo esto por una institución que por causa de su principal protagonista recibe una calificación por parte de los españoles de un 3.68 sobre 10 en el último estudio del CIS, mientras que en 1995 era de un 7.5, considerándola un problema más en la larga lista que decora nuestro desprestigio como nación.
Un rey que llegó de la mano del dictador por obra y gracia de un referéndum de un régimen como aquel; quien, al acceder al cargo, recibió el apoyo de todos los partidos políticos mayoritarios y algunos más, porque no les quedaba otra. Un rey, que cuenta como momento álgido de su gestión la actuación estelar en la intentona de golpe de estado del 23-F, capítulo sembrado de dudas, de cuya historia se niegan a desclasificar los documentos existentes y ponerlos a la luz; que ha conseguido importantes contratos comerciales para las grandes empresas españolas, como mayores éxitos en su haber, y que ha paseado el nombre de España por el mundo, en ocasiones de forma muy heterodoxa, y que ha culminado su reinado con una época salpicada de episodios que han llevado a la institución al momento de descrédito en que se encuentra.
Eso sí, siempre habrá unos pocos que se explayen en loar sus excelencias, para que se borre el mal sabor que ha dejado.
Como no tendremos otra, más vale ir haciéndose a la idea.
Manuel García Mata
































Republica Democratica Demicasa | Miércoles, 11 de Junio de 2014 a las 16:46:14 horas
El “pecado“ de la tercera legislatura fué pretender acabar con las diferencias sociales y acercar a las clases bajas a las media y alta, ¿respetar a sus oponentes es olvidarse de las clases menos favorecidas para no molestar a las clases altas? Lo que pasó, fué que la derecha no deseaba que las clases bajas levantaran cabeza y que acabaron con los proyectos estando en el poder y en la oposición utlizaron toda clases de artimañas para evitarlo. Incluido utilizar al clero para sembrar cizaña y el germen de la rebelión. Si la derecha hubiese gobernado no solo para las clases pudientes...
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