Mentiras arriesgadas
Es frecuente comenzar estos escritos haciendo referencia al título del mismo y a su relación -o no- con el contenido del mensaje a transmitir.
Como muchos de ustedes recordaréis “Mentiras arriesgadas” es una de tantas películas de acción americanas. En esta, sería la principal mentira que nos tuvimos que tragar, el insulso Swarzenegger tiene engañada a Jamie Lee Curtis, su mujer, durante toda la cinta. Ya me dirán, que semejante cerebro engañe a una mujer tan inteligente como la hija de Tony Curtis y Janet Leigh. Pero como las apariencias engañan, el contenido del guión apenas tiene nada que ver con el texto que nos ocupará.
Las Mentiras Arriesgadas a las que me refiero tienen que ver más con la televisión que con el cine, aunque, como pasa con la calumnia, algo quede.
Vivimos, no cabe la menor duda, en mala época. En un momento en que por mor del funcionamiento pútrido e interesado de nuestra sociedad, hace tiempo que los valores positivos, aquellos que servían para fundamentar la educación y el desarrollo personal, están en desuso, casi, casi, desaparecidos. En situaciones como esta, en que cada vez se confía menos en nadie, porque la universalidad de la mentira, del engaño, de la utilización y de la manipulación, nos han abocado a ello; es lógico admitir que en un erial de humanidad digna de confianza nos agarremos como a clavo ardiendo, a quien nos ofrezca un rayito de esperanza. De lo poco bueno que tiene la época, es que alguien digno de admirar necesita muy poco para alcanzar nuestra devoción.
Por esta razón, con ciertas dosis de valentía y unos argumentos creíbles, no olvidemos algo de popularidad en la receta, será fácil conseguir personajes que se ganen nuestro respeto.
Pero, ¡ay!, este puñetero mundo, como el famoso demonio del desierto, tienta de manera tan seductora que es muy difícil escapar de sus artimañas.
Pues sí, había hasta el pasado domingo uno de esos personajes, querido y admirado por tantos, que cualquiera lo quisiera para que se casase con tu sobrina. Sepa usted que le ofrecería el Maligno, que nuestro héroe, o mejor nuestro Évole habría que llamarle ya, vendió algo como la primogenitura por un plato de lentejas, que cuentan que hizo Esaú a Jacob.
El querido, y yo me apunto el primero, Jordi Évole se salió de madre ofreciendo una primicia, que podía hacer tambalear los cimientos del régimen. Por fin íbamos a saber la verdad, el 23-F, uno de esos grandes arcanos, que quienes mueven los hilos de las marionetas que somos se empeñan en mantener ocultos a saber por qué, iba a ver la luz. Era tal la expectación que nadie con sensibilidad, se podía pensar que no era más que una tomadura de pelo; para más inri, un remake efectista de la “Guerra de los Mundos” que montó en sus tiempos Orson Welles. Tema muy sensible, que desde hace tiempo han venido voces denunciando implicando en la conjura a las más altas instancias, o sea al rey. El ex-coronel Amadeo Martínez Inglés es un claro ejemplo de alguien que viene haciéndolo desde tiempo atrás.
El desarrollo del programa, que no voy a contar porque todas las personas interesadas lo vieron, tuvo una secuenciación y argumentación tan lógica que resultaba de lo más creíble. Lo único que llamaba la atención es que en un país en el que sabemos lo que nos dejan saber, pudieran exponerse con tanta claridad, una trama tan despectiva con la voluntad popular; en especial, en los tiempos que corren, que desgraciadamente hay muchos que piensan que para buscar soluciones hay que tomar medidas mucho más drásticas. En los días que vivimos no hace falta expresar mucho, para saber cuál será la reacción de la gente. Las redes de internet vomitaban indignación y los ánimos cada vez se calentaban más. Hasta aquí llegaron.
Puede que ellos que calculan todo, sobre todo cuánto estamos dispuestos a aguantar, comprendieron que con la ración de bilis que nos provocaron ya estaba bien; y como en los malos cuentos, vinieron a explicarnos el final, porque otra cosa no convenía.
A partir de aquí puedo acabar todos los bolígrafos de casa sacando conclusiones, pero como eso seguro que les aburre, empezaré a concretar, a no ser que hayan dejado de leer a estas alturas. ¿Qué necesidad tiene el mito Jordi Évole de arriesgar su, creíamos, bien ganado prestigio? ¿Se le ha subido a la cabeza la fama y se cree Orson Welles?¿ O bien, en el ambiente de desconfianza ganado a pulso en que se mueve nuestra monarquía conviene disipar con “simpatía” las sospechas que se acrecientan cada vez más de las responsabilidades del monarca? ¿Se ha prestado, o mejor dicho, se ha vendido Jordi Évole para lograr este objetivo? ¿Tanto miedo tienen que hay que desarmar las suspicacias de la ideología contestataria?...podéis seguir.
Luego, con ese gracejo, que a mí me pareció de lo más estúpido, vino a contar la milonga de que era un experimento, para que no nos creamos todo lo que escuchamos o vemos en los medios de comunicación. ¿Se habrá creído el niñato ese que somos tan idiotas como él supone?
En cuanto a “experimentos” le recordaré a Jordi Évole que hay otra película, “El Experimento”, bastante realista por cierto, en la que un grupo de personas es dividido en dos: unos asumen el rol de carceleros y otro, el de presos. Ni que decir tiene que el “experimento” termina como el rosario de la aurora. Jordi Évole, ¿No ha pensado tu iluminada mente que algo parecido te puede pasar a ti? Juega con fuego y te quemarás.
Capítulo aparte merecen el resto de los protagonistas de la burla. Los políticos, sobre todo, se han debido sentir muy cómodos en su tradicional papel de mentirosos. Los políticos que se han prestado con toda naturalidad a reírse de nosotros, que es a lo que están acostumbrados. ¿Qué confianza esperan generar para sus partidos estos impostores? ¿Es tan grande la desfachatez de los partidos representados que permiten a aquellos denigrar más la imagen? Que nos tienen en tan poca consideración ya lo sabíamos, ahora lo que se trata es de demostrarlo, no sea que haya quien no se haya enterado de lo que les importamos. ¿Así quieren recuperar el descrédito que se han ganado a pulso? Ya saben que para ellos todo esto no es más que un juego, pero no solo el programa de “Operación Palace”.
¿Y la Sexta?, que si alguna vez tuvo credibilidad, ya se sabe quien la compró ¿O se han pensado que Maruenda es una anécdota?.
Manuel García Mata
































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