Divorcio a la Italiana o el Crecimiento de los Enanos
Bajan revueltas las aguas de la derecha española. Después que “El Chaparro”, nombre del que abusa el simpático tabernero de la serie de Antena 3 “Amar es para siempre”, nos tuviera durante casi cuarenta años bien adoctrinados, el fruto de tan arraigada semilla empieza a entrar en descomposición.
Como referencia histórica, que ya vendrá el típico de turno a rajar contra lo aquí expuesto, Franco impuso “manu militari” la unidad de la derecha, conjugando sin más razones que su dictatorial voluntad, que no santa por mucho que la iglesia oficial se obstinase en bendecir: él mandaba y el resto, chitón. No le quedó más remedio a falangistas, requetés, monárquicos, y otras tendencias, aristocráticas y burguesas, con sus respectivas corrientes y facciones de todos ellos, a ofrecer una imagen monocolor, que fue santo y seña de la ideología patria en aquello que se llamó el Movimiento.
Agradecidas las huestes de aquel pensamiento único, aprendieron que, aunque se diluya la ideología, si el interés es más provechoso, dejémonos de zarandajas y vayamos todos unidos, que es a lo que nos acostumbraron. No se olvide que si la derecha fue siempre garante del orden establecido, mantener a cada uno en su sitio llevaba como acicate que aquellos que por cuna o por bolsa estaban bien situados, premiarían con su apoyo, en especial económico, a tan patrióticas vanguardias de corte monolítico.
A pesar de ello, en los albores del nuevo régimen, un cachorro del Movimiento centró en él las esperanzas de que una nueva derecha más moderna y de corte más europeo era posible. Poco le duró el experimento y como consecuencia de aquello, tras años de dura travesía del desierto volvió la derecha de siempre, “con la cara lavada y recién peiná”, y con la máxima de la unidad como bandera de aquellos tiempos pasados.
Entre tanto las izquierdas, con su proverbial ofuscación, ancladas aún en muchos de los hábitos adquiridos en tiempos de Maricastaña de la bandera tricolor, se las arreglaron para mantener la división cada vez más afianzada; aunque todas fueran conscientes de que esta manera no vamos a ningún sitio. Eso sí, y no porque me alinee en ellas, con las ideas muy claras de la unidad y la práctica obsesiva de ponerle todas las barreras y más a la evidencia.
Pero como parece que todos se contagia, la derecha para no ser menos, olvidando los buenos consejos de “El Chaparro”, ha decidido disfrutar los manjares de la división; que si bien llevaba cierto tiempo anunciándose hasta ahora no se había manifestado de forma tan meridiana.
Todo tiene su explicación, el profundo e inesperado revés que supuso el ascenso al gobierno del denostado Zapatero, trajo a la fiel infantería la imperiosa necesidad de ofrecer una cara menos rancia y menos casposa, que la que mostraba la derechona tradicional. Así que Don Mariano, haciendo oídos sordos a los requerimientos del “Ex” Jose Mari, tomó como modelo el de una derecha europea ciega defensora de los mercados y marcó distancia con el amigo de la Gürtel, aquel que invitó a la boda de su hija a toda la plana mayor de tan distinguida firma organizadora de eventos.
A partir de aquí, todo aquel que iba cuestionando alguna de las decisiones de D. Mariano, obtenía como premio el reconocimiento y como consuelo el cobijo en las filas de esa derecha caduca que parecía perder sus principios por obra y gracia del Presidente. Fue Doña Esperanza una de las cabezas más visibles de cuanto se cocía en esta olla, pero como no se atrevía a dar el paso tuvieron que ser otros quienes dieron el pistoletazo de salida para montar cada uno su propio chiringuito.
Primero fue el fiel Álvarez Cascos, aunque su aventura no parecía tener más futuro que algo anecdótico, pero a raíz del descrédito del gobierno con sus innumerables torpezas, que desacreditaban la Marca PP, han florecido en estos duros meses de invierno de la crisis, los nuevos retoños y esta vez sí parece que van a convertirse en fruto.
Yo no se trata de quienes abandonan el apoyo electoral en favor de otras opciones como UPyD y Ciutadans, que recogen algunas de las carencias populares; la aparición de VOX, con símbolos como Ortega Lara y el apoyo de los grupos descontentos de Víctimas del Terrorismo, adonde apuntan los escindidos más beligerantes, las defecciones de otros como Alex Vidal-Quadras, sin definir todavía su destino futuro, y los desplantes de Jaime Mayor Oreja o el mismísimo José María Aznar, muestran las grietas en el edificio, que sin ánimo de rememorar el Bluff del Ladrillo, encaminan al monolítico partido popular a un proceso de atomización.
Lo mejor de todo para esta derecha, es que como el adversario está en éstas o peores condiciones, nos avocamos a un panorama tan idílico como el que ofreció durante tantos años el modelo italiano. Supongo que algún que otro columnista, críticos con Rajoy por la parte derecha serán felices, pues ya tienen lo que pedían.
Y mientras, como decía Carlos Puebla, “Y seguir de modo cruel contra el pueblo conspirando para seguirlo explotando y en eso...” a ver quién viene.
Manuel García Mata
































Harpo Marx | Miércoles, 12 de Febrero de 2014 a las 19:50:13 horas
El comunismo no ha teñido de muerte ningún proceso democratico, como tampoco lo hizo la Iglesia, ni otros dieales basados en la igualdad de los hombres. Lo hicieron los hombres que estaban al frente de las instituciones. El peor terrorismo existenete es el terrorismo de estado, que sufrimos durante la dictadura.
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