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Sábado, 8 diciembre 2018

Balsa Cirrito

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ELOGIO DEL ABURRIMIENTO

 

 

          

 

 

Esta semana he comenzado varios artículos, solo que cada día iba escuchando alguna nueva insensatez que me hacía desechar lo escrito y comenzar otra parrafada, o sea, es verdad que he escrito mucho, pero también que ustedes van a leer poco: probablemente así salgan ganando.

           

Sinceramente, creo que el ganador de las últimas elecciones andaluzas ha sido la estupidez. Llevamos tiempo en la realidad paralela, pero los análisis de estas votaciones parece que nos han sumido en un viaje al planeta de  la fantasía, donde las cosas no son las que son, sino las que yo me imagino que son, y donde descuajaringo el diccionario y me invento un idioma inexistente que, como si fuera un traje, construyo a mi medida.

           

No me voy a referir a ese despropósito de las manifestaciones - en algún caso violentas - en contra de Vox, porque si a alguien hay que explicarle los motivos por los que resulta una gilipollez manifestarse contra el hecho de que un partido haya obtenido muchos votos, es que le va a dar igual lo que yo le diga. Pero sí quiero hablar del vocablo más utilizado durante la última semana, que es "fascista" (quizás sea el segundo, el primero es "extrema derecha") (que si lo cuentas bien, son dos).

           

A ver, si queremos que un idioma refleje una realidad, y que las palabras tengan un significado, mal vamos. Vox no es fascista. Ni de lejos es fascista, si es que la palabra fascista significa algo más que "persona que no vota a Podemos". Vox es un partido con un enorme componente folklórico, con una serie de propuestas irrealizables que no son sino brindis al sol para embaucar incautos, con alguna otra también irrealizable pero que refleja preocupaciones legítimas de los ciudadanos, y, por último, alguna idea bastante razonable, porque si no nadie les habría votado. A decir verdad, lo más obsceno - de largo - de las elecciones andaluzas me ha parecido la promesa del candidato popular de crear 600.000 puestos de trabajo, a sabiendas de que está mintiendo y que, sin embargo, es posible que le den como premio la presidencia de la Junta.

           

Pero no quiero desviarme de mi objetivo. Francamente, estoy harto de que nos creamos la publicidad como si fuera un reflejo del mundo. Vox no propone acabar con las elecciones, ni apela a la violencia (reconozco que he escuchado pocas veces a representantes de Vox porque, hasta ahora, casi ni sabía quiénes eran) como por ejemplo Podemos, a quienes reiterada y constantemente he oído llamamientos a utilizar la intimidación y la fuerza bruta; tampoco apelan al autoritarismo ni a la eliminación de la libertad de prensa (cosa que, por cierto, sí hemos visto reiteradamente en Podemos), de resultas, ¿por qué son fascistas? ¿Porque no nos gustan? ¿Porque no dicen lo que yo digo? A ver si el fascismo va a estar en el lado al que no miramos.

          

Si se quiere luchar contra Vox, se hace con argumentos, escuchando lo que dicen los ciudadanos y tratando de comprender otras perspectivas. Es muy posible, ya digo que hasta ahora prácticamente no sabía quienes eran los de Vox y no sé muy bien de su trayectoria y de sus meteduras de pata, es muy posible, prosigo, que en el asunto de la inmigración a los de Vox se le hayan escapado algunas barbaridades xenófobas o racistas, no lo sé pero me lo puedo imaginar, pero por muchas que fueran, nunca llegarían a la centésima parte de los comentarios abiertamente racistas que sueltan todos los días los dirigentes separatistas catalanes (con el beneplácito de Podemos). (Evidentemente, que otros se muestren racistas y salgan indemnes, no libraría a Vox de nuestra censura).

           

Dije al principio que he escuchado esta semana muchas insensateces. Tantas como para estar seguro de que gracias a ellas, si las elecciones se repitieran  la semana que viene, Vox triplicaría sus votos. Lo cual, lo digo por si alguien tiene dudas, no me haría precisamente feliz. Sin embargo, tengo una cosa clara: la manera más fácil de reconocer a un fascista es que está todo el tiempo llamando fascistas a los demás. Hagan la prueba. Observen a quienes se dedican a poner la etiqueta y comprobarán que son los más intolerantes.

           

Entendámonos. Lo juro casi cada semana: un país no avanza sino desde la moderación. Las ideologías extremistas suelen conseguir lo contrario de lo que pretenden. Resuelven pocas cosas y fomentan el enfrentamiento. Los países deben ser dirigidos por partidos aburridos y moderados, es la única senda para el progreso. Y en España, a día de hoy, ese hueco lo cubren sobre todo PSOE y Ciudadanos (y muy parcialmente el PP).  La mejora de nuestro país no tiene otros caminos.

           

Lo dije al principio, esta semana he escrito varios artículos, y cada vez los descartaba porque al día siguiente cambiaba de idea. Probablemente mañana o pasado mañana piense de una manera diferente a lo que digo en este. Pero hoy es hoy, y ahora es ahora.

           

Aburrámonos.

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2 Comentarios
Fecha: Sábado, 8 diciembre 2018 a las 13:51
Justino "Tomasito"
Estábamos tardando demasiado tiempo en parecernos a nuestros socios europeos.Siempre estamos quejándonos de que si los países nórdicos son mejores que nosotros,que si patatín que si patatán...el resumen es muy claro;los populismos invaden por la extrema derecha y la extrema izquierda.Macrón que parecía hace un año que sería el salvador de Francia,está a punto de sucumbir ante aquellos que escudados en el anonimato de las masas,son claros seguidores de estos populismos extremos.Tiene usted hoy y mañana mucha razón en las conclusiones de su artículo y desgraciadamente no son tiempos para el aburrimiento.Ahora sólo nos falta que los chinos se lleven hasta el último jamón ibérico del país de la piel de toro.
Fecha: Sábado, 8 diciembre 2018 a las 12:26
Rebelderota
Buen articulo en que deja clara quienes son de verdad intolerantes y antidemocratas y esos son los de Unidos Podemos al no aceptar los resultados electorales y hacer llamamientos a tomar las calles. Cuanta irreponsabilidad de este grupo comunista

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