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Sábado, 1 diciembre 2018

Balsa Cirrito

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EL FINAL DE LAS COSAS QUE AMÁBAMOS
    

 

 

 

 

Un amigo mío suele comentar algo parecido a lo que sigue: "dicen que la democracia es el menos malo de los sistemas políticos, pero, Dios mío, qué asquerosa es". Evidentemente, lo bueno de la democracia, es que todos los demás sistemas son todavía mucho peores. Sin embargo, uno mira a un lado y hacia otro y empieza a tener dudas de que realmente sea el menos malo, y que, a lo peor, todos son horribles, y que más valdría que nos gobernaran los ordenadores o los robots, como en Terminator.
    

La democracia termina convirtiéndose prácticamente siempre en un mercado persa de sufragios. Compromisos que no se pueden cumplir, ideas que no se han de llevar a cabo, planteamientos que solo sirven para la galería... Vemos en estas elecciones autonómicas que un político promete 600.000 puestos de trabajo para Andalucía,  a sabiendas de que es absolutamente imposible que lo consiga, ni siquiera que se acerque, pero da igual, en realidad, solo existe un objetivo: ganar votos.
    

Sin embargo, la democracia tiene (o tenía) algo bueno. De alguna manera existía una máxima que todos los partidos respetaban o en la que creían. Venía a ser algo así como: "si hago las cosas bien, el pueblo me votará, por lo que intentaré gobernar lo mejor que pueda". Si somos justos, no era exactamente cierto, pero la práctica totalidad de los políticos pensaba que sí lo era, de forma que cualquier persona con cargo electo se esforzaba en que su gobierno no desbarrara demasiado. Sin embargo, hemos llegado a un momento en el que lo que haga o lo que defienda un político importa un pimiento, lo que valen son las tripas. Por supuesto, Trump es solo el máximo representante de una tendencia, pero ni mucho menos el único.
    

El ejemplo máximo, ya lo hemos dicho, es Donald Trump. Trump miente diariamente unas veinte veces de promedio (las han contado los periodistas del New York Times), no hace prácticamente nada de lo que había prometido y sus actuaciones habrían llevado a cualquier presidente anterior a la destitución casi inmediata. Pero lo que es lo peor, lo repeor, es que casi da igual como actúe, que sus partidarios seguirán apoyándolo. Él mismo lo dijo durante la campaña electoral: "Podría disparar a la gente en la Quinta Avenida y no perdería votos". Creo que estas palabras han pasado demasiado desapercibidas para lo que implican, que es el fin de la democracia. Léanlas de nuevo porque son auténticamente subversivas. Viene a decirnos que los votos no se consiguen con las propuestas, el programa, los actos o las ideas de un candidato, sino por una especie de conexión espiritual que proviene, supongo, del exceso de propaganda o de... ¿de qué?.
    

En el fondo creo que es lógico que sea así. La velocidad a la que cambia el mundo es tal que nada permanece por mucho tiempo, y las cosas con las que crecimos y a las que amamos, ya son antigualla. Hagan cuenta. ¿Qué amábamos? Pues amábamos los libros (sustituidos por los libros electrónicos o, más aún, por las lecturas de PDF en las tablets; y eso en el caso de que se lean libros, porque la literatura es algo en absoluto retroceso), los discos (no digo ni explico nada), los periódicos (ya no existen, sino que tenemos otra cosa, los digitales, tan diferentes, que en realidad se trata de un objeto distinto), el cine (el cine, como acto de acudir a las salas tiene sus días contados, que además son muy pocos; pero incluso las películas no parece que tengan mucho futuro: los jóvenes no ven películas, ven series), el fútbol (incluso el fútbol se halla tocado de muerte; he leído esta semana que en EEUU se puede comprar por TV un partido de baloncesto prescindiendo de los tres primeros cuartos, o sea, viendo solo el último; hay estudios que indican que el fútbol habrá de sufrir en el futuro próximo tales cambios en sus reglas que virtualmente será otro deporte). Podríamos seguir con casi todo.
    

Visto esto parece lógico que una de las cosas que amábamos, la democracia, se haya convertido en algo tan trastocado que ya no la amemos. Era democracia, aquello que soñaban los españoles cuando vivía Franco; ahora en todo el mundo es...

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3 Comentarios
Fecha: Lunes, 3 diciembre 2018 a las 17:14
Pproni
Como le gusta a a Duquesa acordarse del pasado y rememorarlo. No hay opinión en que no lo nombre. Esta vez se le ha olvidado la iglesia, pero ya volverá con alguna excusa para hacerlo. Son sus dos tema preferidos y sea el tema de lo que sea los nombra. Por algo será. ¿Añoranza?.
Fecha: Sábado, 1 diciembre 2018 a las 18:59
Duquesa Cayetana de Orujo
En efecto, coincido con su abanicador, el articulo resulta poco digerible, cuando asegura ud que los españoles y españolas soñabamos con la democracia en vida del generalisimo y santo caudillo excelentisimo don Francisco Franco Bahamonde, ya que ya disfrutabamos de una Democracia Organica, como bien podran confirmarle todos los comentaristas que tiene ud de admiradores y le felicitan por su, a veces, magnificos escritos. Un saludo, y no se salga de la senda.
Fecha: Sábado, 1 diciembre 2018 a las 17:25
Justino "Tomasito"
Un artículo difícil de digerir para todos aquellos que creen que un mundo mejor es posible...fácil de asimilar para toda esa mayoría que por desgracia componen el resto.

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