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Sábado, 27 octubre 2018

Carlos Roque Sánchez

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"CARPE DIEM"

 

 

 

 

Qué duda cabe que a veces los comentarios de los lectores tienen su importancia, y terminan ejerciendo cierta influencia sobre la temática que un columnista elige a la hora de escribir. Sin ir más lejos y perdonen la autocita, es lo que me ha sucedido con los más que amables comentarios realizados hace unos días por ‘Lucio Junio Bruto’ y ‘Justino “Tomasito”, acerca de ‘El club de los poetas muertos (1989)’, publicado el pasado 13 de octubre.

 

Dejando al margen otros flecos sueltos que ofrecen en sus textos, en esta ocasión me gustaría hilvanar el hilo que tira del origen, historia, significado, el ¿por qué se dice? y otras quisicosas así, de la expresión ‘Carpe diem’. Y es que, espero que estén conmigo en esto, estamos ante una de las locuciones latinas más conocidas y reconocidas, un latinajo con el que se nos exhorta a no dejar pasar el tiempo sin más. O a que hay que disfrutar el presente y vivir el día que precede al incierto futuro. Así que estamos ante un tópico literario recurrente, uno más, que pertenece a ese lugar común donde conviven otras familiares locuciones como: ‘collige rosas’ coge las rosas, ‘tempus fugit’ el tiempo escapa, ‘memento mori’ recuerda que morirás o ‘beatus ille’ dichoso aquel (que).

 

Según los historiadores, ‘Carpe diem’ aparece por primera vez con el poeta romano Horacio (65-8 a. C.) en su obra Odas y formando parte de la frase ‘dum loquimur, fugerit invida aetas: carpe diem, quam minimum credula postero’, que podemos traducir por “Mientras hablamos, huye el envidioso tiempo: aprovecha el día, y no confíes lo más mínimo en el mañana”. Una afirmación que no solo tiene toda la pinta de ir bastante encaminada, sino que suena muy parecido a algo que pensaba el también latino y poeta Catulo (87- 57 a. C), solo que visto desde el otro extremo. Vean si no, ‘soles occidere et redire possunt: nobis, cum semel occidit brevis lux, nox est perpetua una dormienda’, que podemos traducir por “los soles pueden salir y ponerse: nosotros, tan pronto acabe nuestra efímera luz, tendremos que dormir una noche eterna”. O sea que va a ser que sí.

 

Pero, claro. No todos pensamos igual, ni coincidimos en lo que es relevante de un asunto. Es lo que ocurre con la lectura que se puede hacer de la cita que intitula esta columna de la que, mientras unos destacan el estímulo que hace para el aprovechamiento del tiempo y no malgastar ni un segundo del mismo, otros hacen énfasis en el disfrute del tiempo presente y consideran que hay que vivir cada día como si fuera el último. Un consejo éste, con el que no todo el mundo está conforme. Y no lo están porque consideran que es una auténtica irresponsabilidad dedicarse a vivir el presente sin asegurar en la medida de lo posible el futuro. Y no porque no sea cierto que es importante disfrutar en la vida, o que solo tenemos una, y que al final todos moriremos, que lo es. Sino porque no lo es menos, el hecho de que mientras nos morimos o no, esa vida hay que vivirla de manera responsable. Ahí lo dejo.

 

Tras la época clásica, y con el paso del tiempo, nuestro ‘Carpe diem’ volvió a tener cierta vigencia filosófica en otras etapas de la historia humana -de las que cabe destacar Barroco, Romanticismo y Renacimiento-, y durante las cuales influyó sobre muchas de sus obras, tanto artísticas como científicas. Lógicamente, en cada una de ellas la forma de entender el tópico ha ido variando. Y mientras en la Edad Media (siglos V-XV) era entendido como un “vive el momento porque vas a morir pronto”, en el Renacimiento (XV-XVI), bajo los ideales de belleza y perfección, ¡ay! ese ‘Hombre de Vitruvio’, lo entendieron como un “vive el momento porque vas a envejecer pronto”. Claro que ya en el Barroco (finales XVI y principios XVIII) se volvió a interpretar como en la Edad Media sólo que de forma más intensa en lo que respecta a la muerte, y en el Romanticismo (finales XVIII y principios XIX) ahí les he de decir...

 

No les canso. La cuestión es que el adagio latino, con un sentido u otro, ha llegado desde los clásicos hasta nuestros días, colándose allí donde ha podido. Desde el mismo refranero popular, donde es fácil reconocerlo en citas como ‘No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy’ o ‘Vive cada momento de tu vida como si fuese el último’, a escoger según la lectura que prefiera. Hasta los tatuajes que algunos se hacen -bien con dicha expresión de dos palabras o con la pretendidamente radical ‘Vive a tope, muere joven y deja un bonito cadáver’- y con los que dicen adornar sus cuerpos.

 

Aunque es indiscutible que fue la película ‘El club de los poetas muertos (1989)’, la que hizo de ella una referencia tan popular. Carpe diem ¡Oh capitán, mi capitán!

 

CONTACTO: [email protected]

FUENTE: Enroque de ciencia

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2 Comentarios
Fecha: Viernes, 2 noviembre 2018 a las 21:15
Publio Virgilio Marón
Bueno, teniendo en cuenta que Horatius era un poeta satirico, no sería conveniente tomar al pie de la letra todo lo que dijese.
Fecha: Martes, 30 octubre 2018 a las 13:40
Justino "Tomasito"
Sin duda un artículo muy bién estructurado y conducido de principio a fín.Sólo añadir,enhorabuena.

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