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Sábado, 13 octubre 2018

"Historias populares de la villa de Rota", por Prudente Arjona

En esta sección se ofrecerán fragmentos del libro escrito por el roteño Prudente Arjona, titulado "Historias populares de la villa de Rota", que como su propio nombre indica, refleja buena parte de la historia local.  Aunque el libro está a la venta en papelerías del municipio, el afán del autor nunca fue lucrarse con ello, por eso, permite a Rotaaldia.com compartir algunos de sus capítulos para que el gran público tenga conocimientos de una parte pasada de la villa.

 

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“La Barbería”, Rota, 1 de Septiembre de 2002
¡A LA RICA PATATAAAA...!

 

 

 

-Maeztro, cuando veo vender lo’ jigo tuna en la puerta de la Plaza, comienza la vendimia y se celebra el trialón en la playa, la verdad es que me entra una pena que me pongo nostálgico perdío, viendo cómo estos testimonios son sinónimos de que el verano nos dice adiós hasta el año que viene, ¡qué quiera Dios que lo vivamos! , por lo menos como éste que se nos va...


-Es verdad Ozé. Atrás ha quedao una playa convertía medio en feria, medio en carnaval, de avionetas con lárgalos anunciando los veinte años de la expropiación de Rumasa, los toros en El Puerto, Hágase socio der Sevilla, y no zé cuantas cosas más. También el olorcito a sardinas de los chiringuitos, la música der Makandé de los Morancos, la megafonía anunciando la pérdida de una niña de cuatro años que se llama Candela del Anafe y lleva braguitas verde pistacho, las tetitas al aire, los salpicones de los niños en la orilla…, y los  pelotazos, que mal rayo los parta. Y como no, el pregón der Kai anunciando su producto cada mañana: ¡Patatas fritas que regulan el colesterol!, ¡Energía en estado puro!, ¡Patatas que alargan la vida!, ¡Son el dios del trueno!..., y una interminable y ocurrente retahíla que le sirve de señuelo para atraer a la clientela y permitirle, en un par de horas y a la velocidad de una centella, vendé toa´ las patatas, adelantándose a la competencia...  


-Por cierto, maeztro, este muchacho, Salvador, sus hermanos, el padre, José Rodríguez, y su madre, doña Carmen Castaño, representan toa´ una institución en nuestro pueblo. La familia der Kai, que inmigrara del barrio de Sta. María de Cái - ¡casi ná!- hace más de 50 años, ha creao´ su propio estilo en el arte de vender, con un gracejo y una simpatía que hace imposible pasar por su vera sin comprarle lo que sea... En el caso de las patatas, no hay otra iguá: un buen aceite, que trae directamente de un molino de Arcos de la Frontera y las patatas, que son de la mejor calidá, mas el puntito que le da el patriarca al freirla, po´ casi na´.


-Po´mira por donde, me viene a la memoria una patatera de origen valenciano que recaló por Rota en los años sesenta y pico y se instaló a mitad de la calle Calvario, la cual también era una persona muy peculiar, tanto por su indumentaria, fabricada con retales de tela de colores a modo de remiendos, como por su pregón: Patatas fritas, fritas del día, con aceite fino, puro de oliva, y continuaba: ¿Pa´-qué he venío?, ¿pa´-qué he venío?, ¡pa´-dá la lata, pa´-dá la lata!, ¡pa-vendé patatas, pa´-vendé patatas!, ¡Llorarle a mamá, llorarle a mamá, que mamá es muy buena y too´ lo dá¡.


-Fíjate Ozé , si causó impacto esta mujé en Rota, que en uno de los bailes de disfraces que se celebraba to´ los veranos en el Balneario, la Milicia Universitaria instalada en la Forestal, ese año varios cadetes se disfrazaron de la famosa patatera valenciana. ¡Era toa´ simpatía! ¡Bueno, creo que llegó a vender almendras tostá y hasta arropias!.. ¡Pequeña, rubia y feúcha!, Pero tenía una extraordinaria habilidad para vender sus patatas y una energía tan grande como las patatas der Kai.


-¡Qué tiempos aquellos, maestro! En aquella época venían a Rota en el verano unos hombres de monos blancos y artilugios en sus espaldas que parecían extraterrestres, y que la chiquillería los conocíamos como los tíos de la peste, por el mal olor que desprendían los líquidos lechosos que echaban los fumigadores, y que no eran otros que un equipo enviado por Sanidad cada año a desinsectar de moscas los hogares y cuadras roteñas, porque como usted recordará, maestro, todas las casas tenían en su interior los habitáculos propios para alojar a sus burros, con los que acarreaban sus productos y que les servía  también de medio de trasporte hacia sus ranchos. Esas cuadras acopiaban al mismo tiempo, las inmundicias y excrementos de la vivienda, ¡así que no veas la de moscas cojoneras que invadían las casas de la villa!...


-Recuerdo que en muchas viviendas se utilizaban redes de pesca para impedir la entrada de los insectos a las salas y alcobas que representaban la parte íntima de los hogares, puesto que la cocina era comunitaria, así como el patio, y en algunos casos hasta el wáter, el que lo tenía...


-Es verdad Ozé, en aquel entonces los albañiles usaban fresquillas de color garbanzo y alpargatas blancas, cuyas suelas –una vez usadas- las cogía los chiquillos para cambiarlas por globos. También les servían los cascos de botellas vacía que rebuscábamos por la playa del Rompidillo.


-¡Ozú, maestro!, de la playa del Rompidillo tengo yo cada recuerdo...


Po´ sabes una cosa, Ozé, que lo vamos a dejá pa´ otro día, porque han dao´ las doce y hay que respetar la hora del Ángelus. Así que, pa´queá en paz con Dios, nos tomaremos el primer bolito de la mañana, ¿qué te parece?


-Como siempre, maestro, tiene usté unas ocurrencias cojonúa. Vamos an-ca´Palma antes de que se caliente la manzanilla...

 


 

Este relato está extraído, en parte, del libro Mi Rota en  tiempos…, de Rafael Hernández Laynez, Candón.

Añadir que el prestigioso periodista y escritor don Salvador de Quinta, fiel veraneante de La Costilla de toda la vida, quien escribía para el ABC de Sevilla, publicó varios artículos titulados: La playa, acto primero; La canción del verano, o ¡A la rica patataaa…! en referencia a este famoso y peculiar roteño, vendedor de patatas, de quien le impactaba la gracia y el arte de vender sus productos por las limpias arenas de la playa de La Costilla de la villa de Rota.

 

 

 

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