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Sábado, 6 octubre 2018

"Historias populares de la villa de Rota", por Prudente Arjona

En esta sección se ofrecerán fragmentos del libro escrito por el roteño Prudente Arjona, titulado "Historias populares de la villa de Rota", que como su propio nombre indica, refleja buena parte de la historia local.  Aunque el libro está a la venta en papelerías del municipio, el afán del autor nunca fue lucrarse con ello, por eso, permite a Rotaaldia.com compartir algunos de sus capítulos para que el gran público tenga conocimientos de una parte pasada de la villa.

 

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LA PLAZA DE TOROS

         

 

En Rota teníamos una plaza de toros, que estuvo ubicada en la enunciada Casa de Aspillaga, posteriormente rebautizada con el nombre de corralón de González al ser adquirida ésta por el industrial y bodeguero don José María González Arjona, cuya finca se encontraba ubicada al final de la calle del Calvario, a espaldas de la Plaza del Triunfo. En este gran solar, aunque es de forma cuadrada, se construyó en 1903 dicha plaza o empalizada muy bien hecha por Sebastián Bernal Fuentes, que fue el padre de Ramón Bernal Díaz, más conocido por Ramón la Pirila.

 

Este Ramón la Pirila, que tuvo su domicilio en el número 32 de la calle Isaac Peral, hizo en 1936, recién iniciado el Movimiento Nacional, la promesa de no cortarse la barba hasta que las tropas nacionales tomaran Madrid, bajo la condición de ir todas las semanas a pagar los afeitados al barbero como si se lo hubiese hecho, a fin de que no pudiese decir la gente que si no se afeitaba era para ahorrarse el importe. En este punto debo aclarar que en esa época era horrible afeitarse con cuchillas, porque muy pocos disponían de navaja y menos aún sabían utilizarla, así que los hombres preferían ponerse en manos de los barberos, quienes los rasuraban a navaja. En aquellos tiempos se conocían estos establecimientos por barberías, y no por peluquerías cómo en la actualidad. Sin embargo, las barberías hacían ambas funciones, cortar el pelo y afeitar la barba, cuyos establecimientos sólo lo utilizaban los caballeros. La primera peluquería de señoras conocida estaba en la esquina de las avenidas de María Auxiliadora y San Fernando, frente a la farmacia de Juan Rodríguez, donde hoy se encuentra la cafetería Oh, la lá.

En referencias a la excentricidad del señor Pirila, debo aclarar que el peluquero que recibía el importe de unos trabajos que no efectuaba era el célebre pintor-barbero, don Jose Luís Macías,  Azuquita, hombre de permanente buen humor, que tenía su barbería-estudio en la calle de Argüelles nº 5. Pues bien, una vez que las tropas nacionales tomaron Madrid, Ramón “la Pirila” esperó cinco días, y ya satisfecho de ser cierto se cortó la barba, que dado el tiempo transcurrido debía estar bastante crecidita, con lo que al maestro Azuquita no debió faltarle faena aquel día.

 

Volviendo a la aludida Plaza de Toros, he de decir que la citada empalizada se mantuvo muchos años, a lo largo de los que se dieron   muchas novilladas y corridas, lidiando en la misma maestros del toreo como Emilio Torres, Bombita; Caraancha, Machaquito o Minuto. Asimismo, en 1912, aprovechando que doña Gabriela Ortega veraneaba con sus hijos en la fonda de la Narcisa, actual finca de la viuda de don Ignacio A. Liaño Pino, de quien hemos tomando estos apuntes, toreó por primera vez un eral el niño José Gómez Ortega, que habría de sobresalir en la cumbre de la tauromaquia con el nombre de Joselito el Gallo. No obstante, con el paso del tiempo las maderas empezaron a pasarse, y al iniciarse la celebración de la feria en el campo del Ejido se hizo una nueva empalizada con palos verdes de eucaliptos, que al secarse se fueron aflojando, lo que dio lugar a que en  la Feria de Mayo de 1951, cuando se estaba celebrando una corrida de toros en la plaza, se hundiese parte de la empalizada, de resultas de lo que hubo bastantes erosionados y contusionados, además del enorme susto, y entre ellos Antonio Ruiz Mateos Fernández, Flaviano, que sufrió las fractura de las dos piernas y Gloria Letrán Lobato, con fractura de un brazo.

 

El motivo del hundimiento fue, al parecer, que un aficionado roteño, apellidado Mendoza Ramos, Parrita, estaba dando en aquellos momentos unos pasos de lidia muy buenos, y que el público, emocionado hacía ¡olé¡, y que en uno de aquellos olés fallaron los tendidos de eucaliptos y ocurrió lo ya relatado.

 

Como anécdota añadida tengo que aportar mi propia experiencia, pues en aquel acontecimiento estuve presente cuando tenía seis años de edad, ya que nací el 20 de mayo de 1945. Fue mi primo, Manuel Arjona González, quien me llevó a la novillada, de la que sólo recuerdo a mucha gente rodando por los maderos y que mi primo me tomó en sus hombros y salió pitando, encontrándose a mi madre desesperada a la puerta de casa que en aquel tiempo era la nº 60 de la calle Calvario, hoy bar El Chato.

 

 

Este relato está extraído, en parte, del libro Mi Rota en  tiempos…, de Rafael Hernández Laynez, Candón.

 

 

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