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Sábado, 8 septiembre 2018

"Historias populares de la villa de Rota", por Prudente Arjona

En esta sección se ofrecerán fragmentos del libro escrito por el roteño Prudente Arjona, titulado "Historias populares de la villa de Rota", que como su propio nombre indica, refleja buena parte de la historia local.  Aunque el libro está a la venta en papelerías del municipio, el afán del autor nunca fue lucrarse con ello, por eso, permite a Rotaaldia.com compartir algunos de sus capítulos para que el gran público tenga conocimientos de una parte pasada de la villa.

 

 

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EL COMERCIANTE Y LAS JAULAS

    

 

 

 

A Juanito la Fábrica le encantaba todo aquello que estaba relacionado con la cacería, y se dio el caso que, aparte de ser una persona habilidosa para cazar, también lo era para hacer otras muchas cosas, por ejemplo  construir jaulas para los pájaros. Tanto es así que durante un tiempo se dedicó artesanalmente a fabricar jáulas utilizando alambre y listones de madera o carrizos de caña, que luego vendía a aquellas personas, amigos o no, que se las reclamaba, ya que estaban muy bien construidas y a buen precio. Bueno, pues tantas hizo que llegó un momento en que se encontró con un buen número de pajareras que no terminaba de vender, así que se le ocurrió acercarse a un señor de origen valenciano que tenía un bazar en la calle Rosario, esquina con la calle Castelar, donde vendía de todo, con el fin de ofrecerles las jaulas, pero este buen señor le respondió que era un producto que no se vendía, y que ya disponía de suficientes artículos y no tenía espacio para más.

 

Juanito se marchó para su casa cabizbajo y con su jaula de muestra bajo el brazo, pero el ingenio de este hombre no tenía frontera. Dándole vueltas se le ocurrió una estratagema para colocarle las jaulas al bueno del comerciante. Al poco tiempo, dejando un plazo de por medio, salió un día al derribo, donde jugaban siempre muchos chiquillos, y llamó a un par de ellos, a los que prometió una perra gorda (10 céntimos de peseta) si se acercaban al establecimiento en cuestión y preguntaran si tenían jaulas. A los pocos días hizo la misma operación con otros chiquillos, y así, durante varias semanas, estuvo enviando a un par de chavales a hacerle la misma pregunta al dueño del bazar:

 

-¿Tiene usted jaulas?

 

Como habrán podido imaginar mis queridos lectores, el comerciante mandó llamar a Juanito la Fábrica para que le llevara todas las jaulas que tuviera, al tiempo que le encargó unas cuantas más que, lógicamente, Juanito no hizo, pues bien sabía que con las ya encajadas tendría bastante para varios años...

 

Como estas se podrían contar miles de anécdotas del bueno de Juan Montesino, Juanito el de la Fábrica.

 

Tras estas historias inocentes de Juanito la Fábrica, retomamos de nuevo el derribo o espacio donde se ubica la plaza de Pío XII. Lindando con la muralla de la playa del Rompidillo se construyeron unas viviendas para oficiales militares, conocidas como los pabellones. De entre los militares del Cuerpo de Tierra, creo que de Artillería de Costas, que pasaron por el citado edificio los dos más conocidos para los que deambulábamos por aquellos entornos fueron quizás el comandante Rubio y el capitán Ceballos. Estas viviendas no existen hoy, dado que con los años fueron derruidas para ampliar la calzada. No obstante, parece que dicha plaza tenía el sino de seguir estando unida a los militares, ya que años más tarde, en la hasta ese momento inexistente acera de la calle Ruiz de Velarde, se  construyó un bloque de viviendas, en este caso para militares de la Marina Española.

 

Otra de las calles que desembocan en esta plaza es la actual de Mercedes la de los Grifos, pequeña y sin salida, que finalizaba en la bodega de la viuda de Santiago Merino, en la que, además de pisarse la uva, se elaboraban también gaseosas y sifones, y más tarde hielo, utilizando para el reparto de sus productos a los distintos establecimientos de la localidad un carro especial preparado al efecto y tirado por un mulo, cuyo carrero y repartidor era Enrique Domínguez, conocido por el de los Grifos, quien por cierto, junto a sus hermanos Emilín y Manolo, el Chiquitata, iban siempre armados con sendos tiraores o tirachinas, cuya puntería jamás ha sido igualada por nadie. Era sorprendente que a su edad llevaran siempre, hasta nuestros días, dichos tirachinas en sus respectivos bolsillos de atrás de los pantalones y portaran al mismo tiempo chinos peluos a manera de proyectiles.

 

Como todo el mundo sabe, los habitantes de aquella zona tiraban todos los desperdicios a través de las murallas del Rompidillo, por lo que las ratas encontraban una buena fuente de alimentación, lo que propiciaba que los hermanos De los Grifos nos deleitaran con su destreza, aniquilando a dichos roedores desde lo alto de la muralla. En ocasiones colaboraba en la cacería un chucho de color marrón, muy bravo y experto en matar ratas, llamado Litri, del que recuerdo que, tras haberse fracturado en una ocasión una de las patas delanteras, y a pesar de las tremendas secuelas, continuó matando ratas.

 

La explanada que hemos citado fue utilizada para muchos menesteres, como fue para la instalación de circos y teatros, cual fue el caso del teatro de Manolita Chen, que venía a Rota con frecuencia. Pero no sólo quedó este espacio abierto para estas muestras del mundo de la farándula, sino que, dado su privilegiado enclave, sirvió de plató para algunas películas que se rodaron en Rota en los años de 1952, 1954 y 1957, como fueron Lola la Piconera,  protagonizada por Juanita Reina; Malvaloca, por Paquita Rico, y El Pescador de Coplas, por Antonio Molina, Marujita Díaz y Vicente Parra, utilizándose además para el rodaje distintos lugares de Rota, como la Cruz del Rompidillo, la playa y pinares del Chorrillo, el muelle pesquero, el Picobarro, la Plaza de Bartolomé Pérez, etc. Aún recuerdo, que como atrezzo para una de estas películas los decoradores convirtieron la explanada del Derribo en un cementerio de cartón piedra, cuyos restos dejaron depositados y olvidados en la bodega de la Viuda de Santiago Merino.

 

 

 

 

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1 Comentario
Fecha: Lunes, 10 septiembre 2018 a las 15:10
Hermano Lobo
Es siempre ameno y a veces divertido leer tus entregas. Esta vez me has recordado al capitán Ceballos y al teatro de Manolita Chen.

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