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Sábado, 11 agosto 2018

"Historias populares de la villa de Rota", por Prudente Arjona

En esta sección se ofrecerán fragmentos del libro escrito por el roteño Prudente Arjona, titulado "Historias populares de la villa de Rota", que como su propio nombre indica, refleja buena parte de la historia local.  Aunque el libro está a la venta en papelerías del municipio, el afán del autor nunca fue lucrarse con ello, por eso, permite a Rotaaldia.com compartir algunos de sus capítulos para que el gran público tenga conocimientos de una parte pasada de la villa.

 

 

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LA LIEBRE ENCAMÁ

 

 

 


 En una ocasión se encontraba Juanito cargando cartuchos en un cuarto que tenía en su casa, donde guardaba los pertrechos de caza, y en esto que llega un amigo que quería hablar con él, cosa que no era de extrañar, ya que siempre llegaba gente en busca de algún consejo o una sabia  conversación con Juanito la Fábrica, ya para contarle algún chisme relacionado con la cacería, o simplemente para verle trabajar mientras hablaba con su propia y particular filosofía de la vida, que él aplicaba a cada paso que daba y a cada cosa que hacía, pues era un hombre polivalente, magnífico conversador cuya parla transmitía paz y conectaba con cualquier persona, bien fuesen mayores, jóvenes o incluso niños. La cadencia de sus palabras, la seguridad de sus explicaciones llenas de conocimiento y sabiduría, llegaban al corazón de sus acompañantes. Tambien hay que decir que la confianza que emanaba la utilizaba él para cometer sus inocentes bromas, pues su apariencia de hombre serio y seguro de todo lo que decía y contaba creaba tal ambiente de asentimiento a su alrededor que los infelices que engachaba con su templada verborrea entraban inocentemente al trapo, pues  Juanito, con su aparente seguridad, se llevaba al agua al más pintado; prueba de ello son las bromas que gastaba, y que vosotros, mis queridos lectores, podéis comprobar por sus humorísticas hazañas.


Juan Montesinos, fue un  ser lleno de dignidad, cuya imágen debería ser recordada por todos los que tuvieron la dicha de conocerle como un perpetuo ejemplo de honestidad y servicio al prójimo, un ser con una simpatía a raudales, cuyo proceder no hizo daño a nadie, ni ninguno a quienes tomó el pelo alguna vez se lo tomó a  mal.
Pues aquella tarde, ese amigo cazador que se le acercó a saludarle, fue Juanito y le dijo:


-Hombre, tenía ganas de verte, pues me he enterado que vienes haciendo cacerías y no me has dicho nada de que vaya contigo.
A lo que dicho amigo le contesta:
-Hombre, Juan, yo nunca te haría eso...
A lo que Juanito le replica:
-Pues sí, me he enterado que tienes camadas de liebres señaladas, y todos los días las repasas y algunas caen, pero nunca me has invitado, mientras que yo no dejo de llamarte para ir de cacería, aquí y allá...
-Juan, no te enfades, mañana mismo te llevo, si tú quieres.
A lo que Juanito le responde:
- Mañana no. Otro día, quizas el jueves, que tengo el día libre.
Y era que, efectivamente, Juanito necesitaba tiermpo para gestar su plan. Así que el jueves acordado salen los dos con sendas escopetas y repasan las camadas de liebres controladas por el amigo; miran una y nada, otra y tampoco, hasta que dan con una que hay una liebre encamada. En eso que Juanito le dice al compañero de cacería.
-Manué, tírale, que es tuya.
-No Juan, tírale tú, que pa´ eso vienes de invitao´
-No Manué, tírale tú, que yo sólo vengo a verte.


Hasta que Manué, temiendo que se le escapara la liebre entre  dimes y diretes, abre fuego contra el pobre animal encamado. Juanito se dirije a Manué, mirando la madriguera de la liebre, y le insta a que vuelva a disparar porque cree que no le ha dado, cosa que Manué hace, disparando a bocajarro. Seguro de que la liebre estaba muerta, mete la mano en la madriguera y la saca, y cual fue su sorpresa al ver que la supuesta liebre era un señuelo, o sea un pellejo de liebre relleno de paja con un cigarro en la boca y un letrero donde decía:


- ¡No me mates, Manué!


Ni que decir tiene que antes de que Manué hubiese terminado de leer la misiva, Juanito se había perdido corriendo por la era.

 

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2 Comentarios
Fecha: Miércoles, 15 agosto 2018 a las 12:36
Juan
Las liebres no tienen madrigueras,simplemente se acurrucan en una pequeña cama sobre cualquier suelo.Es el chiste que se oye en el norte en el sur,este y oeste de España... por éso sólo el título muy bién "encamá".
Fecha: Lunes, 13 agosto 2018 a las 13:19
Hermano Lobo
¡Cómo me hubiese gustado conocer a ese personaje!
Tal que dije en otro comentario, no hay muchas cosas en Rotaaldía que te puedan levantar una sonrisa. De nuevo lo has logrado, gracias.

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