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Sábado, 4 agosto 2018

Carlos Roque Sánchez

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JOHNNY GUITAR

 

 

 

 


Amor de película. Para muchos se trata del western más raro jamás rodado, la historia de un gran amor recogida en cientos de secuencias cinematográficas y donde los sentimientos están muy por encima de los acontecimientos.


Dirigida por Nicholas Ray en 1954, se inicia con la llegada a un pueblo de un jinete, Johnny (Sterling Hayden) y su destino es el salón de Vienna (Joan Crawford). Hombre y mujer. El hombre, sin pistola al cinto lleva sin embargo una guitarra a la espalda como toda propiedad, y la mujer, que viste pantalones y lleva pistola es la propietaria del salón.


Dos presentes muy distintos aunque el pasado de ambos es el mismo. Un lacerante amor mutuo al que con el encuentro y sin decirlo, los dos buscan una salida para sus vidas, quizás un futuro juntos. Ella, superviviente en un mundo de hombres, lo hace desde el desamparo y la angustia, y él, escéptico, desde la lejanía y la desconfianza. Y hasta aquí les puedo contar.


Si la van a ver no se equivoquen, no es un western cualquiera o, mejor dicho, no es sólo un western. Hay pistolas y caballos, sí, pero no son más que parte del decorado, una simple excusa para escudriñar a seres humanos que están al límite de sus sentimientos, en la frontera de la vida.


Estamos ante una bellísima historia de amor, donde las miradas lo dicen todo y las palabras, las palabras, son el complemento perfecto del alma desnuda de sus protagonistas. Como cuando pregunta Johnny: “¿A cuántos hombres has olvidado?” y Vienna responde: “A tantos como mujeres recuerdas tú”.


No me digan que no reconocen tras esas palabras, dos corazones disfrazados de dureza y nostalgia en busca del amor perdido ¿A que sí? En mi opinión, del todo prescindible, esta película es uno de esos escasos ejemplos que no sólo redefinen un género, sino que lo transcienden. No se la pierdan.


La decisión de amar. Los que saben de las cosas del querer dicen que la pasión es lo primero que nace en un amor, si bien es lo que antes se apaga. Que junto a ella pero desplegándose más despacio va la intimidad y que más tarde, pero no siempre, lo hace el compromiso. Entre los humanos el acto de comprometerse está considerado como una señal de adultez, ya que implica la toma de dos importantes decisiones: la de querer amar a alguien en concreto y la de mantener ese amor. Circunstancias, ambas, propias de un ser adulto.
También dicen los sabedores del amor que una relación entra en una dimensión de calidad, cuando los miembros de la pareja acuerdan ese compromiso a pesar de las dificultades. Y lo hacen tomando riesgos, aceptando costes y asumiendo renuncias, todo en pos de un éxito que no tiene tanto que ver con la pasión y la fidelidad, como con el tiempo y la comunicación.


El mismo tiempo que encontremos para estar con el compañero, para dedicárselo a él, y la misma comunicación para entenderlo y así adaptarnos mejor. Éstos son los atributos que predicen con más fiabilidad el éxito de una pareja, o al menos eso dicen, y que precisamente, al parecer, no son los que tuvieron en su primera relación Vienna y Johnny, los amantes de la película. Los mismos que, en esta segunda oportunidad que les da la vida, se esfuerzan desesperadamente por conseguir y es que  ‘Johnny Guitar’ no es más que el descarnado reencuentro de dos seres destinados a amarse.


Miénteme le pide Johnny. No me resisto a reproducirles un diálogo entre los amantes. Se trata de una atípica declaración de amor, pero declaración en toda regla al fin y al cabo, y de una intensidad memorable por la que no parece haber pasado el tiempo. Quizás porque en ella, la mentira es verdad y la verdad mentira. Disfruten.  


Johnny: ¿A cuántos hombres has olvidado?
Vienna: A tantas como mujeres tú recuerdas.
J: ¡No te vayas!
V: No me he movido.
J: Dime algo agradable.
V: Claro ¿qué quieres que te diga?
J: Miénteme. Dime que me has esperado todos estos años. Dímelo.  
V: Te he esperado todos estos años.
J: Dime que habrías muerto si yo no hubiese vuelto.
V: Habría muerto si tú no hubieses vuelto.
J: Dime que aún me quieres como yo te quiero.
V: Aún te quiero como me quieres tú.
J: Gracias (bebe). Muchas gracias.


Coincidirán conmigo en que la esgrima dialéctica entre ambos es antológica, y refleja a la perfección un amor más allá del tiempo, el rencor y el olvido. Es amor eterno, pasión, intimidad y compromiso, como quien dice, las cosas del auténtico querer.


No les he dicho que la música, de Victor Young, es una de las partituras más melancólicas y hermosas de la historia del cine. Son variaciones sobre el tema central, la pegadiza canción ‘Johnny Guitar’, descriptiva, intensa y dramática. Una música que se amolda a las imágenes como un guante de seda.


CONTACTO: [email protected]
FUENTE: Enroque de ciencia

 

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1 Comentario
Fecha: Domingo, 5 agosto 2018 a las 18:12
Justino "Tomasito"
Estupendo relato sobre una estupenda película.Enhorabuena.

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