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Sábado, 9 junio 2018

Historias populares de la villa de Rota, por Prudente Arjona

En esta sección se ofrecerán fragmentos del libro escrito por el roteño Prudente Arjona, titulado "Historias populares de la villa de Rota", que como su propio nombre indica, refleja buena parte de la historia local.  Aunque el libro está a la venta en papelerías del municipio, el afán del autor nunca fue lucrarse con ello, por eso, permite a Rotaaldia.com compartir algunos de sus capítulos para que el gran público tenga conocimientos de una parte pasada de la villa.

 

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CALLE BLAS INFANTE

 

 

 


Sobre el horizonte de la calle vi el mar, y recordé aquellos versos de nuestro prestigioso poeta, el paisano Ángel García López, que hablan de balcones al mar, de calles que ruedan al mar, de una ventana que es mar, y me dije para mis adentros: es que Rota es todo mar....


La calle Blas Infante flota en el mar y se adentra por los arrabales, sortea puertas, rodea cementerios, mataderos, cárceles, tahonas, bodegas y huertos, pero echando la mirada atrás, no pierde de vista el mar… Baños de Pelapú, casetas con ruedas, Cine Playa, perfume yodado en noches de luna y estrellas fugaces: María Félix, Pedro Infante, Manolo Caracol, La Lola que se fue a los Puertos, Cantinflas, Miguel Ligero…, afiches del domingo próximo, Comandancia de Marina, calle que trascala a la Mina, olor a retama, tahoneros y amasijo, refrito de almendras y ajos…, y yo me paro en el cierro desvencijado de herrajes fundidos de la tienda de Santiago Grande, llena de juguetes de verano: pelotas de playa, puntillones, cometas de papel, palitas, rastrillos, flotadores, hamacas, sombrillas y cubos de lata...

 

De la esquina de enfrente sale el Vizcaíno con su caña de pescar, su caja de madera con anzuelos, aparejos, gusanas y muergos. Ha cerrado la barbería muy tarde, pues los hortelanos y mayetos regresan a Rota cuando el sol da sus primeros bostezos... él agiliza el paso para sentarse a probar suerte en el muelle pesquero, junto a lo que queda de grúa. La pluma de la incipiente cabria juega en el agua sus reflejos con la caña del país del Vizcaíno, envuelta, como una venda, en negra cinta aislante. Una más de las curiosidades del maestro Vizcaíno...
Las primeras calles que se crearon en los extramuros, siglo XVI, fueron aquellas que están adosadas a la antigua muralla de la Villa. De hecho, las casas con números nones de Blas Infante descansan sobre las viejas murallas, menos la inexistente número 21, hoy recientemente bautizada con el nombre de la monja roteña, de Sor Celina de la Encarnación, que fue adquirida por el Ayuntamiento en 1910 con el objeto de derribarla y conectar esta calle, llamada popularmente Bejarana, con las de Tripería y San Clemente. A lo largo de la historia esta calle ha sido rebautizada en multitud de ocasiones, a saber: calle de la Muralla, de Poniente, Lepanto, Orense, y Juan Martín Caballero.


En ocasiones, aunque algunas calles contaban con sus respectivos nombres, se las conocía por el de los vecinos o cosas populares existentes en la misma, como es el caso de Masín, hoy Prim; Pedro de la O, calle del Balneario (Higuereta), Ntra. Sra. del Rosario, de la Fuente, y otras. Sobre la calle Blas Infante se da el caso de que en el siglo XVIII vivió en el número 7 un labrador hacendado llamado don Pablo Bejarano Manrique de Lara, que murió relativamente joven sin dejar hijos. Todo su patrimonio pasó a su viuda, conocida por La Bejarana, que se hizo notar por llevar una vida un tanto alegre y algo disipada, adquiriendo tal nombradía que aunque vendió todos sus bienes y se marchó a Chiclana, la gente conoció durante mucho tiempo esta calle con el nombre de Bejarana.


En 1907 recibió el nombre de Cánovas del Castillo, jefe que fue del partido conservador y presidente del Gobierno Español, perdurando este nombre hasta Julio de 1931, en que el Ayuntamiento de la II República acordó que llevase el nombre de Salmerón, en honor del que fuera tercer Presidente de la I República, don Nicolás Salmerón y Alonso. Posteriormente, ya en 1936, se le dio el nombre de Queipo de Llano, general del Ejército del Sur durante la guerra civil. En l983 recibió en nombre de Blas Infante, en honor del Padre de la Patria Andaluza, el cual perdura hasta ahora.


Comprendía esta calle desde la plaza de Andalucía hasta Higuereta, pues cuando en 1908 se construyó bajo la Alcaldía de don José María González Arjona la primera bajada a la playa, conocida por escalera de Pelapú, se dio al trozo comprendido entre Higuereta y la playa el pomposo nombre de Avenida a la playa, inscrito en una gran lápida de pedernal que figuró hasta el año 1950. Hoy dicho trozo forma parte de la calle Blas Infante, en cuyo número 29 estuvo instalada la primera Comandancia Militar de Marina, donde me inscribí en 1963 con la intención de alistarme y navegar en el buque Escuela Juan Sebastián de Elcano. Esta firma me costó dos años, y a la postre ciertos problemas administrativos me impidieron realizar este deseo. La finca de la acera de la izquierda, o sea, de los números nones, es un bloque de viviendas rotulado con el nombre de Edificio Playa en recuerdo al cine de verano que allí existió de la familia Almisas, que por cierto, junto al también desaparecido Cine Florida, de los mismos propietarios, fueron construidos por mi padre, el maestro de obras Juan Arjona Romero, de lo que oportunamente  di cuenta en un artículo anterior.
 El bloque de viviendas de la acera derecha lo compone un edificio denominado “El Cubano”, del que ya di cuenta también en páginas anteriores.
Curiosamente, esta fue precisamente la primera calle que el Consistorio alcantarilló, allá por el año de 1938. Lo que se ignora es hacia donde evacuaban las aguas negras, aunque por su proximidad a la playa es de suponer que seria éste el lugar del vertedero.


Es de destacar que la casa número 3, que en realidad se encuentra ubicada en la Plaza de Andalucía, se construyó a principios del siglo XVIII con tres plantas, lo que la convertía en la más alta de la Rota de entonces. Posteriormente fue ampliada con una cuarta planta. Su propietario fue el agricultor de El Puerto de Santa María y vecino de Rota don Luis de los Puertos Medina. Se ignora si fue para su familia o para arrendarla, ya que tiene varios pisos independientes. Sólo nos consta que cuando marchó de nuestro pueblo la adquirió doña Encarnación Mateos.


La gente conocía este edificio por Casa de los Puertos, y seguramente por vicio de pronunciación o por derivación de su nombre primitivo a través del tiempo se conoció después, y aún se sigue conociendo, por Casa de los Puestos. Su configuración y distribución arquitectónica interior es muy desigual y de una rareza singular.
En esta casa vivió hasta su muerte Paco Gabriel, insigne carpintero de ribera y armador de varios faluchos denominados Barcos de la Hora, como Isabel, El Abanico, Paco Gabriel, etc. Sus hijos Enrique y Manolo fueron patrón y motorista, respectivamente, de dichas embarcaciones. Asimismo vivió en esta casa en las primeras décadas del siglo pasado el sacerdote don Rodrigo Sánchez Laynez, hijo de Rota y coadjutor de la parroquia mayor. Sería un sacerdote más de los que han nacido de Rota si no aclaramos que fue un auténtico cronista de nuestro pueblo, dejando un archivo con interesantísimos datos sobre la Villa.


También apuntamos a título de anécdota que en 1883 fue detenido por la Guardia Civil en una de las habitaciones José Morella Martín, alias el Porteño, miembro de la banda conocida por la Mano Negra, que tanto dio que hablar por aquella época por tener atemorizada a toda esta comarca, si bien al parecer no era precisamente un malhechor, sino un miembro de un grupo activista anarquista.


 En el patio de la misma casa y por la misma época tuvo su carpintería Juan Mora Mateos, conocido por Morita, que posteriormente se trasladó a la casa número 13 de la calle Mina y del que ya dimos debida cuenta de su obra y milagros.


A finales del siglo XIX estuvo instalada en la casa número 2 de esta calle la imprenta del semanario roteño La Costa, que se editaba con la importante tirada de setenta y cinco ejemplares, bajo la dirección de don Francisco Campos, conocido popularmente por Campito. Es de suponer que esta publicación se haría por puro romanticismo y amor al arte, pues cuesta entender que la venta de tan reducido número cubriera los gastos de la edición.


En la casa número 14, que tenía entrada por la Mina Chica, ya que era una de las casa que trascalaban a la Mina, existió hasta hace pocos años la bodega de don José González Arjona, alcalde que fue de esta Villa, que elaboraba, procedente de viñedos roteños, entre otros excelentes caldos, una extraordinaria Tintilla.
Una casa de característica fachada de estilo roteño, de las que se han perdido casi todas, es la número 7, que se convirtió a partir de 1891 en casa-tahona propiedad del industrial don Manuel Amor de los Reyes. Después, y entre los años 1914 y 1946 y siguientes, la tuvieron como panadería don José Buada Villanueva, con el nombre de Panadería San José, y finalmente don José Ramos Letrán, siendo conocida hasta convertirse en viviendas por Panadería del Chanca.


La casa número 27, donde don Santiago Grande tenía su almacén de ultramarinos y además vendía juguetes, ropa y accesorios para los nazarenos de las hermandades y cofradías. En la actualidad es regentada por su hijo menor, Luis Miguel “Chico”. Está casa perteneció a don Severiano Suárez Rubín de Celis, procedente de la Montaña, que después vivió en el número 10 de la plaza Barroso. Es de arquitectura isabelina e introduce en los vanos recercados semiplaterescos y defiende los balcones y ventanas con curiosos herrajes fundidos. Pasando la casapuerta o zaguán, nos adentrábamos hasta un pequeño patio del que partía dos escaleras paralelas, para unirse en un solo tramo de escalera interior con acceso al piso principal, si bien las obras últimamente realizadas le han hecho perder toda su gracia.


En la número 1, que puede decirse que se encuentra en la misma plaza de Andalucía, se hallaba sobre los años de 1900 la churrería de Andrés Dorantes Piñero, conocido por Andrés el de los bollos, que era también barquillero y salía con su reolina y sus barquillos de canela pregonando con buena voz sus productos entre la chiquillería.
Por las mismas fechas instaló su farmacia en una de las accesorias de la casa número 3 el licenciado Juan Rodríguez Gómez de Lara, que posteriormente se trasladó a la que fue farmacia de Rodríguez-Izquierdo. Y hablando de farmacias, hay que contar también que junto a la farmacia Rodríguez se hallaba la célebre “carnecería de Pizones”, que así figuraba en el letrero de la puerta, que estaba conceptuada como la mejor del pueblo, especializada en la famosa butifarra roteña.


En el número 2 de dicha calle, haciendo esquina con la calle Charco, se encontraba la barbería del maestro Puyana, hombre jovial y cariñoso, en cuyo establecimiento se reunían a manera de casino todas las fuerzas fácticas de la población, formándose innumerables tertulias y asegurado cachondeo, en que la mayoría de los casos era objetivo de las bromas el propio maestro. Como muestra, contaré a continuación una de las muchas puñeterías que le gastaron sus simpáticos clientes: Resultó que una tarde entraron varios individuos y se encontraron al Maestro durmiendo en uno de los sillones de la barbería, y a aquellos malnacidos no se les ocurrió otra cosa que cerrar las ventanas y la puerta y echar las cortinas, dejando la barbería totalmente a oscuras. A continuación comenzaron a hablar en alto como si nada, de manera que el maestro barbero se despertara, como así fue. El pobre infeliz cayó en la desesperación cuando los demás le dijeron que era de día, y que el problema era que se había quedado ciego a causa de los bolitos de manzanilla ingerida en el bar de Pinterra. Por cierto que a esta barbería se le conocía coloquialmente por el Latoneo. Es posible que por deformación fonética pudiera haber sido bautizada en principio como Ateneo y deformado intencionadamente con el nombre como Latoneo por puro cachondeo de sus clientes-tertulianos.


En el número 4, y sobre el estanco de Francisco Gallego, existía una escuela de niñas, siendo las dos últimas maestras que se recuerdan doña Teresa y doña Maruja. Además de su trabajo de docente, esta última maestra se encargaba de gestionar la Beneficencia, suministrando con cargo al Ayuntamiento los vales para la adquisición de medicinas y otros artículos de primera necesidad a los desvalidos de la Villa, algo así como Cáritas en la actualidad.

 

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1 Comentario
Fecha: Martes, 12 junio 2018 a las 13:43
Hermano Lobo
¡Cuantas memorias, cuantos recuerdos!
Tiene mérito el tiempo dedicado a la investigación y recopilación.

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