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Sábado, 12 mayo 2018

Carlos Roque Sánchez

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AL VOLANTE

 

 

 

 


Unos días después de aparecer mi ‘Opinión’ de la semana pasada sobre las rotondas, llegaban un par de comentarios al periódico en el que no solo se postulaban sus autores al respecto, sino que además advertían de algún que otro peligro de los muchos que acechan a la conducción en las dos redes. Así que de entrada, vaya mi agradecimiento por esas líneas a ambos, ‘Hermano Lobo’ y ‘Justino "Tomasito"’ que con esas expresiones se identifican, y también de salida porque fruto de sus lecturas me han surgido estas otras que está leyendo.
    

De las normas para conducir en las rotondas les decía que en teoría es muy simple: tiene prioridad el que ya está en la rotonda y debe ceder el paso el que va a entrar en ella, aunque a nadie escapa que  en la práctica no resulta así. Y es que del dicho al hecho, sabido es que a veces, hay un largo trecho y de mal camino. De manera que, consciente del desfase existente, me propongo ampliar en la medida de mis posibilidades las normas circulatorias en este sistema viario y para ello bebo de donde debo, de la fuente de la Guardia Civil de Tráfico.
Aunque ya saben que existe una gran variedad de diseños en todas ellas el conductor debe tener en cuenta los mismos principios, a saber: a) ceder el paso a quienes están dentro de ella, escogiendo el carril que considere más adecuado en función de la salida que vaya a tomar; b) una vez dentro, tiene preferencia el vehículo que está ocupando un carril respecto al que va a acceder a él; c) para salir de la glorieta, es imprescindible situarse previamente en el carril exterior, y si esto no ha sido posible, efectuar un nuevo giro para colocarse con tiempo en esa posición.

 

Ya, ya lo sé. Por lo escrito las dichosas glorietas son un tipo especial de intersección, pues en ellas se rompe la regla general de prioridad de la derecha, en favor de quienes ya circulan dentro. Una excepción que, unida a la dificultad de “digerir” la parrafada de más arriba, hace que no pocos conductores encuentren cierta dificultad para circular de forma correcta por ellas.

 

De ahí que para ayudar, la Benemérita tenga editado unos tuits que de manera visual (lo acompaña de infografías) y en el mejor estilo ‘Barrio Sésamo’, nos resuelven las dificultades a la hora de circular. “Ya conoces la diferencia entre dentro y fuera, izquierda y derecha. Pero ¿diferencias bien y mal en las rotondas?”. Y cosas así. No hay duda que toda ayuda es poca en esos momentos ‘rotonderos’, en los que se crea un cortocircuito neuronal en el cerebro del más pintado y si no que arroje la primera piedra quien...

 

¡Ojo avizor! Mientras escribía estas líneas me ha venido a la memoria un correo electrónico que me llegó hace ya tiempo. En principio venía con un advertidor “no es en broma” y, supuestamente, procedía del RACC. Si les he de ser sincero, la verdad es que no le presté mucha atención en su momento de hecho no lo llegué ni a comprobar ni lo publiqué, pero lo cierto es que ahora me parece que, en este contexto, tiene interés público por lo que se lo resumo. En esencia viene a ser un nuevo método para robarnos el coche y todo lo que llevamos dentro. Verán.

 

Todo empieza cuando vamos a montarnos en el coche estacionado y abrimos la puerta, nos sentamos, acomodamos, ponemos el seguro de la puerta, nos colocamos el cinturón, encendemos el motor y metemos una marcha. Más o menos, lo que hacemos todos. Después, miramos por el espejo lateral, echamos una mirada por el espejo retrovisor y... ¡la vemos! Hay una hoja de papel cogida al cristal trasero, una hoja con un tamaño y una ubicación tal que nos impide ver lo necesario y suficiente para conducir de forma segura.

 

Es ese momento en el que cualquiera de nosotros se lo piensa y duda, pero termina decidiendo que no tiene más remedio que bajarse. Pues venga, pone punto muerto, echa el freno de mano y se baja para retirar el dichoso papel que obstruye su visión. En qué mal momento lo hiciera pues es justo, en el momento de retirarla, cuando empieza su desgracia. De repente, y como de la nada, aparece el ladrón veloz, un hideputa que se mete en su coche y se lo lleva con la rapidez del rayo. Caución.

 

Entonces cae en la cuenta de que dejó el motor en marcha y que en el coche están su bolso, su maletín, en fin, todas su cosas. Todo al carajo, perdón, por una hoja. Bueno, pues este es el ingenioso robo mediante un papel en la luneta trasera del coche. Mi consejo. Arranque y lárguese con el papel. Siempre podrá retirarlo un par de calles más adelante. Precaución.  

 


CONTACTO: [email protected]  
FUENTE: Enroque de ciencia

 

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1 Comentario
Fecha: Sábado, 12 mayo 2018 a las 12:26
Justino "Tomasito"
Acertado y veraz artículo Sr.Roque;en relación a la circulación en las rotondas,esperemos que al igual que con "Espinete", poco a poco, aprendamos a circular en ellas.En relación a la segunda parte de su escrito,lo considero igualmente de acertado y realista, ya que sino recuerdo mal,José Mota en uno de sus "sketchs",parodiaba con un papel de propaganda sobre su vehículo cuando iba a emprender la marcha...al final aburrido empezó su recorrido totalmente empapelado porque "un amigo invisible"le hacía la puñeta cada vez que por una milésima de segundo dejaba de observar los 360º de su entorno...y es que el horno nunca estuvo para bollos!!

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