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Sábado, 25 noviembre 2017

Y aquí estoy, viva (por Rosa María Castellano)

Nunca pensé que yo pudiera llegar a padecer violencia machista. En ocasiones, y con el paso de los años, llegas a dudar de todo aquello que pasó y piensas  que sólo está en tu mente o te lo has inventado, llegando a cuestionar que aquellas situaciones violentas  eran provocadas por tu actitud y te  cuestionas si igual tenía razón para actuar de esa forma. El dolor que produce la humillación y los golpes crean  un tupido velo para poder seguir viviendo con dignidad. (María)


Me cuenta María:


Me encontraba en los almacenes de mi trabajo, no sé porque me sentía inquieta y asustada, mi interior me decía que algo iba a pasar. Hacía tiempo que mi marido estaba muy tranquilo, no nos gritaba ni nos hablaba tan mal como normalmente hacía, sobre todo a mí y a mi hijo. Mi casa era un infierno, tantos gritos y tanta violencia encubierta.


Mi vida no era solo un infierno en casa, también lo era en casa de mis padres y en mi trabajo. Mi actitud de opresión y miedo venía conmigo a todos sitios, mis frustraciones y mi dolor se convirtió en agresividad hacia los demás, en mi trabajo, con mi familia, era terrible, no se podía vivir así, pero tampoco nadie hacía ni quería saber nada de nosotros, a pesar de saber que había violencia, sobre todo hacia mí, eran problemas del matrimonio y se solucionaban entre ellos,  aunque te vieran con un ojo morado o te sacara de  casa de tus padres, para luego darte una paliza.


Y volviendo al almacén, me llamó por teléfono, no recuerdo bien, solo que había un dinero que yo recibí de una beca para mis estudios en la universidad, quería saber en qué se había gastado, le dije que hablaríamos cuando llegara a casa, yo sabía que cuando llegara a casa me iba a enterar. Siempre que sabía que iba a haber movida, procuraba que mis hijos no estuvieran en casa, ese día tampoco estuvieron en casa, ya eran mayores, y habían sufrido mucho, sobre todo mi hijo, nunca me lo perdonaré.


En casa no había nadie, y sabía que podía pasar algo muy fuerte, siempre lo sabemos, lo que pasa es que aprendemos a vivir evitando, comenzamos a discutir, mi voz es muy alta y cuando hablo subo tanto el tono de voz que grito. Esta vez el dinero era mío y no se lo iba a dar, ni siquiera a dar explicaciones, eso era lo que yo pensaba que le iba a decir, pero lo que le dije es que se lo había prestado a mi hermano. No recuerdo mucho, solo que me empujaba hacia la cocina y termine en un rincón, no sé cómo paso, solo recuerdo que un cuchillo paseaba por mi cuello, en redondo y despacio, y yo le dije pincha, pincha, posiblemente eso fue lo que me salvó, porque reaccionó y me soltó y también el cuchillo.


Se fue a la salita y se puso a trabajar en el ordenador como si nada hubiera pasado. Yo me fui a un rincón, entre un mueble y la pared y me acurruqué, fue como si el tiempo no existiera, en esos momentos estaba en el vientre de mi madre. Cuando reaccioné y sin poder moverme, pensé, tengo un año para salir de esta situación, si no moriré, posiblemente no me hubiera matado, pero en el fondo, yo hacía mucho tiempo que me estaba muriendo.

 


Rosa María Castellano Márquez

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