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Sábado, 12 agosto 2017

Carlos Roque Sánchez

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M. M. (87-52-83)

 

 

 

 


Nadie es tan natural. El pasado 5 de agosto se cumplían cincuenta y cinco años de la muerte de la famosa y rubia Marilyn Monroe, quien en realidad había nacido como una anónima y castaña Norma Jane. Eran el personaje y la persona, el mito y la mujer, el icono y el muñeco roto. Para muchos Marilyn simboliza al cine en mujer, como Bogart lo simboliza en hombre. Me viene a la memoria la escena de la película "Amor en conserva (1950)", en la que la actriz entra en el despacho del detective que interpreta G. Marx, quién mirándole a la cara le pregunta: “¿Puedo hacer algo por usted?” Y volviéndose hacia la cámara, exclama: “¡Qué pregunta más absurda!”, para después inquirirle: “¿Cuál es su problema?”. A lo que ella contesta: “Los hombres me siguen todo el tiempo”. Y él, mirándola de arriba abajo, espeta: “Me pregunto la razón. Usted hará carrera, señorita”. Humor “grouchiano” a raudales.


No fue la más guapa, no, ni la mejor actriz, tampoco. Pero quién duda que es todo un símbolo del cine, quizás por su elemental personalidad, o por la inmediatez de su belleza o por su sencillez. O tal vez porque le sientan bien los tópicos y los dichos, incluida la imagen literaria que Truman Capote nos dejó de ella. La Monroe es inevitable en la mitología del siglo XX y está en el imaginario de muchos, muchos, de nosotros y no sin razón. Precisamente fue al escritor estadounidense a quien dijo, cuando la pilló tiñéndose las raíces negras del pelo: “Pues claro que soy rubia natural, cariño, pero nadie es tan natural”. Qué ignorantes, los que la califican de rubia tonta. Nunca dejamos de ser lo que somos, aunque jamás dejamos de cambiar quienes somos.


Alegorismo sexual. A pesar de que en una película del siglo XXI -entre la anorexia, la lírica y la bulimia- sería una gorda inllevadera, no por ello su abundoso cuerpo dejaría de llamar la atención. ¿Cuál es la causa de esta atracción? Unos los llaman cuerpos “de guitarra” otros, los albiónicos, “de reloj de arena”, el caso es que siguen atrayendo la mirada de los hombres pero, ¿por qué? En la U. de Harvard se hizo hace unos años un estudio del que se desprendía que, estas macizas mujeres “de voluptuosas curvas”, tienen unos niveles hormonales por encima de la mayoría. Un valor que implicaría una mayor fertilidad, lo que explicaría, a su vez, la preferencia que los hombres muestran por ellas. El estudio se realizó con 119 mujeres que se categorizaron en cuatro grupos. De pechos grandes y cintura fina, de senos voluminosos y cintura ancha, de busto pequeño y cadera estrecha y, por último, de pechos pequeños y cintura ancha. El primer grupo mostró niveles de hasta un 26% más altos de la hormona 17-b estradiol. Por otro lado, todos los grupos de mujeres con la cintura fina presentaban cantidades mayores de progesterona. Y es bien sabido que la abundancia de ambas hormonas, es un buen indicador de la alta probabilidad que una mujer tiene de quedarse embarazada. Un fuerte atractor para el instinto de procreación que anida en el macho. Nunca dejamos de ser lo que somos.

 

Chanel nº 5. Aún no había nacido Norma, la mujer, cuando Coco Chanel presentó su nuevo y después famoso, perfume. Le había pedido a sus especialistas en aromas que fabricaran una esencia “con olor a mujer”, y estos le sintetizaron varias. Tras unas pruebas, la quinta muestra fue la que le encantó, dicen que la eligió por instinto. Después decidieron lanzarlo al mercado en mayo, el quinto mes del año, y además el cinco era el número de la suerte de mademoiselle Coco. No tuvo ninguna duda del nombre que le pondría al perfume que desde el principio, tuvo un éxito enorme, gracias a su excepcional composición química. Resulta que mientras en esa época los perfumes se preparaban con una sola flor, el Chanel nº 5 tenía su esencia compuesta por ylang-ylang, azahar, rosa y jazmín. Toda una revolución aromática que desde entonces no ha sufrido grandes cambios, ni siquiera su envase inspirado en la arquitectónica idea de “menos es más”. Y desde ese mayo de 1921 es uno de los perfumes más deseados por las mujeres del mundo, incluidas las estadounidenses. Es muy probable que en este éxito, contribuyera la impagable promoción que le hiciera la Monroe, con la conocida entrevista. Aquella en la que un periodista le preguntó: “¿Qué se pone para dormir?”. A lo que ella, entre ingenua y traviesa, contestó en un susurro: “Me pongo la radio”. Repuesto de la respuesta, el periodista afinó: “¿Con qué se viste para acostarse?”. Y ahí es cuando la mítica actriz contestó, con tono pícaro y sugerente: “Sólo unas gotas de Chanel nº 5”. Marilyn murió sola en su dormitorio y en su tumba, nadie puso el epitafio que ella quería: “Aquí yace M. M. 87-52-83”. Jamás dejamos de cambiar quienes somos.  

 


CONTACTO : [email protected]
FUENTE: Enroque de ciencia

 

 

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