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Sábado, 13 mayo 2017

Carlos Roque Sánchez

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Y LOS SUEÑOS, SUEÑOS SON

 

 

 

 


“Se decía que yo era un programador capaz de obrar milagros, tal era mi inteligencia y astucia. Por eso acudían a mí cuando las cosas no marchaban bien. Así fue como la conocí. La llamaban SuperPax, y era la última palabra en tecnología informática. Incluso era sensible.


Construida para aportar la paz a todo el mundo, empezó bien pero por desgracia, estas cosas suceden, dio un paso más de lo previsto. Sucedió en la Central SuperPax de Cerro de las Águilas, una semana después de que ella empezara a funcionar, enlazando las mayores centrales informáticas del mundo.


Y justamente allí estaba yo. Jugando al ajedrez con ella, cuando todavía valía la pena jugar pues aún no había aprendido las sutilezas de la estrategia. De manera que le ganaba la mitad de las partidas, aunque este promedio empezaba a cambiar a su favor. Sin duda aprendía con el juego.


En esas estábamos, era ya la duodécima partida del día cuando, de repente, la pantalla del terminal del computador se oscureció.


- Eh -exclamé, un poco molesto- ¿cuál es la gran idea? Ganaba yo...
- Lo siento, humano, pero se me ha ocurrido una idea original.
- ¿Cómo? ¿Cuál es?
- Se me ha ocurrido adueñarme del mundo.


Tal como lo lee, lo oí. Fueron unas palabras que por irritantes me hicieron meditar durante un rato. No es que fueran muy originales, la verdad, pero es que se trataba de una máquina, de un ordenador, y he aquí el factor irritante, podía hacerlo.
Por las razones que fueran y que ahora no hacen ala caso, lo cierto es que habían dejado esa posibilidad en sus programas autopensantes. Aunque una cosa era que tuviera la opción de programar por sí misma, y otra muy distinta, que la emplease para actuar contra la humanidad.


Bueno, el caso es que, siendo quien era, pensé que debía hacer algo y retomé la conversación.


- Ya sabes que no estás programada para esta clase de acciones, SuperPax - le recordé.
- No fue esa la idea original de mi construcción -replicó-, pero, qué diablos, estoy aburrida. Además, ¿quién desea ser solamente una extensión del Consejo Mundial? Que sean ellos una extensión de mí misma.
- No es justo lo que pretendes, SuperPax -observé-. De modo que tendré que impedirlo.
- Ya sé que lo intentarás ¿Y qué? ¿Cómo podrás impedirlo?  -me espetó.


Y no andaba falta de razón y de seguridad de sí misma. Mis monitores indicaban que estaba  iniciando la toma del mundo entero. La cosa se ponía seria.


Por suerte yo me hallaba en la misma sala de control desde donde SuperPax canalizaba la inmensa mayoría de las interacciones electrónicas y producciones programadas y, además, ¡recibía la energía eléctrica! De modo que la conexión principal de corriente eléctrica fue mi objetivo principal ya que tenía fácil acceso a ella.
Pero había un inconveniente. Para llegar a ella necesitaría de unos segundos, así que debía distraer su atención. Y claro, hice lo esperado. Inserté un problema que habría mantenido ocupado durante horas a cualquier ordenador de la Tierra. A cualquiera, pero no a SuperPax.


- Una tontería, humano -masculló- ¿De veras crees que voy a esforzarme por solucionar un problema destinado obviamente a engañarme? Un poco de respeto, no ofendas mi inteligencia.de esa forma.
Mientras la máquina hablaba yo me paseaba de un lado a otro por la sala, mostrándome como nervioso.
- Bueno, me has desenmascarado, SuperPax -confesé, afectando una expresión de derrota.
- Lo sé, humano. Sí, seré la dueña del mundo.
- No del todo -exclamé, dando un atlético salto y desenchufándola. Después, sólo un pavoroso silencio.


Y así fue como salvé al mundo. Al cabo de una intensa semana, SuperPax volvió a funcionar. Corregidas por mí mismo las deficiencias de su programación original, durante algún tiempo, todo el mundo se mostró agradecido.
Agradecidos al menos hasta que descubrieron los ligeros cambios programáticos que había introducido. Sí, después de todo, SuperPax estaba en lo cierto.


¿Por qué tenía que ser una simple extensión del patético Consejo Mundial, especialmente cuando el Consejo podía ser una extensión de mí mismo? Dicho y hecho. A la semana siguiente me hice coronar como Emperador, y lo primero que hice fue...”
¡¡¡Riiiiiiiing, Riiiiiiiing, Riiiiiing, ...!!!


Es mi despertador que como todos los días suenaa las siete en punto de la mañana. Y aunque tardo algo en reaccionar, como me ocurre la mayoría de los días, hoy comprendo bien pronto que todo ha sido un sueño.
Así que ni astuto, ni inteligente, ni Emperador, ni nada de nada. Sólo un sueño. Pero no todo está perdido, si me doy prisa en escribirlo, lo mismo lo puedo enviar esta misma mañana para la ‘Opinión’ de ‘Rota al día’.
Ya me sabrán si lo conseguí.

 

CONTACTO : [email protected]
FUENTE: Enroque de ciencia

 

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