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Lunes, 28 noviembre 2016

Una lágrima fría

El miércoles 30 de noviembre se cumplen tres años de la desaparición del gran Antonio Piera. Por este motivo, el Bloque Ciudadano de Rota (BCR) ha elegido este día para homenajear a quien fue el mejor de entre nosotros, ya que otras extrañas circunstancias provocaron que no se pudiera realizar el 15 de Mayo, que era su fecha natural. Desde que Antonio se nos fue, esta fecha es para la gente que compartimos vivencias con él la mejor ocasión para recordarle, para sentir que su enorme presencia permanece y para ofrecerle nuestro reconocimiento y nuestro cariño. Estos años pasados, con toda lógica, su dimensión política y su compromiso social eran los ejes vertebradores de estas emotivas añoranzas y en torno a ella versaban nuestras reflexiones. Pero Antonio Piera, aún habiendo sido el más grande, no se limitó a su faceta militante por una nueva sociedad, por una nueva España; Antonio fue mucho más. Somos conscientes de ello y por esto hemos decidido desde el BCR que este año dejemos a un lado su importancia como motor de la lucha ciudadana para centrarnos en las demás facetas, que fueron muchas y en parte desconocidas para quienes ahora lo mantenemos como referente. No sería cuestión de eternizar este artículo con una breve semblanza, que no podría ser tan breve si se pretende aunque solo sea enumerar los méritos adquiridos, me limitaré a poner un ejemplo que tanto me ha emocionado releerlo, que no he dudado usar como argumento de lo que la sensibilidad de este genio era capaz de parir. Es por eso que me tomo la libertad de reproducir su texto y de que quienes lo lean juzguen por sí mismos.

 


"Una lágrima fría”

 

A veces, cuando estoy reposando en vanos intentos de no hacer nada, me refugio en mí mismo (ignoro si se puede decir me enminismo y no tengo ganas de investigarlo) y me quedo como in albis, abobao, no me avergüenza reconocerlo. Suele ser justo entonces. Me puede ocurrir viajando, en el sillón de preferencia que he instalado en casa y que se pone horizontal a mis deseos o en cualquier lugar o momento. Simplemente, sucede. Una lágrima fría, helada, asoma por mi lagrimal derecho y se desliza despacio, muy lentamente, mejilla abajo. Me sorprende, me inquieta y me abruma, aunque, sobre todo, me asusta. ¿Qué pinta ahí esa lágrima, heladora como aquellas angulas de Trebujena que me descubrieron amigos nuevos de esta sorprendente tierra andaluza y que me enseñaba el hijo del Litri en el frasco donde las acababa de guardar antes de darle el acomodo gastronómico definitivo, orgulloso el buen hombre de su recolección y de su oferta? ¿Cuál es su papel? ¿A qué se debe su nacimiento y aparición? ¿Por qué narices está tan fría? ¿Qué significa? Hasta donde mi conocimiento alcanza, no se llora porque sí. Y digo llorar porque ya son muchas las lágrimas que asoman y siguen idéntico camino que esta hermana que os escribo. ¿Lloro de pena silenciosa e ignorada? ¿Tan estúpido estoy siendo que siento secreta pena de mi enferma condición y os lo cuento a lagrimazos? ¿Será que me duele España? No, si acabará siendo eso. O acabaré creyéndomelo, que es lo mismo para el caso. Mi cuerpo, definitivamente libre de ataduras y, por lo tanto, capaz de expresarse a su manera, habrá elegido el camino para expresar así su descontento y malestar general, lo que no deja de ser original, aunque me sorprenda. También es posible que mi lágrima fría contenga y desvele otro mensaje concretísimo que me provoca la gran mentira generalizada que se ha apoderado de España, esta enorme traición al conjunto de los que habitan e intentan sobrevivir sobre esta tierra que adoro perpetrada por los amos de la economía gracias al sucio trabajo colaborador de los partidos políticos tanto en el poder como desde buena parte de la oposición. Un frío y líquido mensaje de VERGÚENZA y ASCO.

 

Este era Antonio Piera, el miércoles 30 de noviembre en la plaza de España de Rota a las 6 de la tarde, en el banco del 15-M, su gente nos reuniremos allí para colocar una placa en su memoria y para rendirle el homenaje, que nunca estará a su altura, siempre que los imponderables climáticos o de otra índole, por ejemplo municipal, no nos lo impidan. Siempre seréis bien recibidos.

 

Manuel García Mata

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